El país de los diálogos

Habrá que rebautizar la nación y llamarle el país de los diálogos. Todos los días hay un “conversao”; y, al mismo tiempo, muchos agentes y representantes de sectores productivos y de instituciones que protestan porque no los invitan a los diálogos.

En conversación están varios sectores y por diversas razones o convocatorias. Entre los diálogos en curso están los inversionistas vinculados a la energía, los empresarios y el tema de la indexación de los precios de los combustibles; los inversionistas ligados al área de la vivienda, por el tema de la ley de inquilinato.

Están en conversación, o pendiente de hacerlo, los empresarios importadores, exportadores y productores de azúcar, por el tema de la escasez y alza del producto, etcétera.

Los diálogos son buenos y más cuando contribuyen a fortalecer nuestra democracia, pero sobre todo si ofrecen una alternativa, una solución, aliento o esperanza a los clientes y afectados finales; pero sucede lo que siempre acontece: los que conversan solo, y de manera muy incluyente, defienden sus intereses específicos.

Con el pueblo llano, con los clientes finales, los que pagan los productos y los servicios, nadie conversa. Son los que finalmente tienen que pagar “los platos rotos”, como se dice popularmente. En todos esos diálogos y “conversaos” debe estar un representante de quien paga una tarifa abusiva en los colegios, o los servicios que no recibe, de los que pagan seguros de todo tipo que nunca responden, de los agobiados por las altas e injustificadas facturas de servicios que siempre reclaman y nunca reciben una respuesta satisfactoria.

En fin, los engañados de siempre necesitan una voz que los defienda y represente. Proconsumidor deberá asumir como propios muchos de estos casos, proponemos.