El orden ciudadano

A Santo Domingo, ciudad primada de América, todavía le está faltando invertir para fortalecer el sentido del orden ciudadano.
No se trata, exclusivamente, de una inversión pública, o de principal competencia del Gobierno central y las alcaldías. La responsabilidad recae sobre todos. No podemos llegar a un orden ciudadano si nos engulle el caos, la barbarie y el comportamiento de desenfreno y violencia contra la ciudad y los ciudadanos.
Primero hay que combatir y controlar el desorden para hallar el orden. Algo que debe hacerse por parte, para evitar resolver un problema tan viejo y arraigado cayendo en soluciones generales y agotadoras.
El transporte público es un puntal básico para empezar a conquistar ese orden ciudadano. La muerte –independientemente de la causa final- de los pasajeros de El Valiente es solo un episodio funesto de una pesadilla que se vive a diario en las calles de la ciudad, en vehículos de pésimo estado, afiliados a centrales sindicales y confederaciones administradas por mafias empresariales, que juegan con la vida de cientos de miles de usuarios.
La vida de un ser humano no puede depender de vehículos en mal estado y sicópatas al volante. Empecemos por ahí. Con una campaña de concienciación que alerte y promueva la calidad del transporte y el respeto a la vida.