El optimismo senil
Ramón Muñoz recientemente publicó en El País un reportaje titulado Optimistas a la fuerza, donde analiza la difusión actual de una ideología basada en el postulado de que aquellos que piensan positivamente logran salir de las crisis, tanto las económicas, como las de salud.
Argumento carente de toda evidencia empírica que únicamente logra ocultar a los responsables de los problemas y desmoviliza políticamente en la solución real de los problemas.
El desempleado a consecuencia de las maniobras especuladoras de bancos y empresarios, la madre enferma de cáncer, sin asistencia de salud de parte del Estado, o el joven sin oportunidades de trabajo porque no ha recibido la educación de calidad que los gobiernos están obligados a brindar, no pueden salir de su situación simplemente por tener ideas positivas.
No es casual que los ministerios de sanación en muchas iglesias sean más comunes en comunidades pobres sin acceso a servicios médicos.
Su opuesto, el llamado pesimismo, comparte el mismo origen y efectos, si creemos que la situación social o personal es fruto de algún defecto que no es substancial, no nos moveremos adecuadamente en su solución.
Frente a los problemas económicos, sociales y personales se impone la lucidez que busca sus causas, la solidaridad militante entre los afectados y la decisión de cambiar el orden actual. Si no politizamos nuestra acción colectiva para construir una nueva sociedad no lograremos un país y un mundo mejor. Otra sociedad es posible, más justa y solidaria.