El negocio de los pedigüeños
Ayer a las 3:30 de la tarde, en el lado oeste de la esquina conformada por las avenidas Rómulo Betancourt y Núñez de Cáceres, estaban 14 niños haitianos de entre 2 meses y siete años de edad junto a ocho mujeres de la misma nacionalidad.
Cuatro de las mujeres cargaban niños que aparentaban no tener más de cuatro meses.
En cada cambio de semáforo se lanzaban entre los carros extendiendo las manos para pedir algo de dinero a los conductores.
El episodio se repetía en las otras tres caras del semáforo de la céntrica intersección capitalina.
Ese episodio se está volviendo cotidiano a la vista de todos, mientras crece un fenómeno que pudiera convertirse en un problema inmanejable para una República Dominicana que, al parecer, no tiene definida una política migratoria y que suele actuar bajo el miedo y las presiones.
Se ha probado hasta la saciedad que el de los pedigüeños haitianos se trata de un vil negocio en el que se explota la miseria de esos haitianos y la generosidad de los dominicanos.
Descubrir el origen de ese tráfico de personas pudiera ser fácil si existiera la voluntad. Los organismos de seguridad tienen suficientes recursos para llegar al origen de esta trata, pero al parecer eso no les importa.
Ese problema tiene más implicaciones para la seguridad del Estado que espiar a figuras públicas o políticas.
Hace falta voluntad política, pero no la hay.
El problema seguirá creciendo y luego será inmanejable.
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