El monstruo sigue creciendo

El que la Marina de Guerra haya detenido en alta mar a dos individuos que cargaban más de 1.2 millón de dólares en efectivo es una demostración más de que los grupos de narcotraficantes que realizan operaciones entre Puerto Rico y la República Dominicana continúan en sus actividades como si nada estuviera ocurriendo.

La incapacidad mostrada por las autoridades de ambas islas para desarticular las bandas importantes de narcotraficantes llama a preocupación.

Hay evidencias suficientes que demuestran que, por ejemplo, la banda que encabeza José David Figueroa Agosto mantiene su capacidad criminal intacta.

Tampoco ha podido ser detenido Ramón Antonio del Rosario Puente (alias Toño Leña), a quien se sindica como jefe de la recepción de droga en la región Este.

Esos dólares incautados por la Marina de Guerra reúnen todas las características de que son derivados de la actividad del narcotráfico.

Sacar el tema de los medios de comunicación como parte de una estrategia de “relaciones públicas” no implica que el problema se haya resuelto.

También ha quedado en evidencia que en el país se desarrolla una subactividad propia del narcotráfico: el sicariato.

Muchas actividades económicas ordinarias están siendo usadas para el lavado de dólares.

Podemos engañarnos y creernos que porque no están “sonando” se han aplacado las actividades de los traficantes de narcóticos. Pero sólo lograremos despertar un día con una versión local de “Los Zetas” (un violento grupo de sicarios mexicanos que desafía al Estado), que nuestras instituciones han terminado de colapsar y que la violencia, en sentido general, se haya apoderado de nuestro país.

Si queremos, podemos engañarnos, pero eso no detendrá el crecimiento del monstruo.