El Ministerio de la Importación
La inversión de valores que ha ocurrido en toda la sociedad se ha traducido peligrosamente a las instituciones, que han asimilado prácticas contrarias a su espíritu como si fueran precisamente su naturaleza. Así la Policía encargada de combatir la delincuencia, participa de ella cotidiana y olímpicamente sin que el estupor de la sociedad les detenga.
Ahora bien, donde más cruel resulta la inversión de valores y roles, es en el Ministerio de la Agricultura de la República Dominicana, una institución creada para apoyar la producción nacional, para acompañar al campesino y al productor, para hacer parir la tierra y defender a los agricultores y ganaderos, y que ahora tiene como estandarte y principal ocupación, por ser ésta la más rentable a sus funcionarios, la administración, venta y dispendio de los llamados permisos de importación.
Resulta absolutamente paradójico, que mientras los habichueleros de San Juan de la Maguana, se levantan desde hace siglos, a arar la fértil tierra del Valle, granero del Sur y del país, irrigado por el Yaque del Sur y el Rio San Juan, para hacerla parir de habichuelas, de maíz, de cebolla, de arroz y de cuanto nazca de la tierra, el llamado erróneamente Ministro de Agricultura esté preocupado por festejar los permisos de importación de frijoles, uno de los más codiciados, por los bucaneros del nuevo siglo.
Lo mismo sucede con el arroz, cuando violando todas las cuotas y la lógica común, pudo más la corrupción, que el llamado Programa de Pignoración. Nadie entiende cómo querían hacer que las factorías compraran a buen precio las fanegas, si los almacenes están llenos de arroz importado. La cuota establece que el límite de importación era 14 mil toneladas sin embargo, se importaron en 2011 más de 17 mil toneladas este año. En 2010 se importaron 24 mil toneladas, o sea, 10 mil toneladas más que la cuota permitida.
Ese es, en esencia, el problema de los productivos y organizados arroceros, los cuales se han pasado la vida innovando hasta lograr niveles de productividad similares a los de sus mejores competidores en Estados Unidos.
Pero los arroceros tienen, lamentablemente, el peor de todos los defectos en la Dominicana de hoy: son hombres y mujeres de trabajo. No son amantes del dinero fácil como Toño Leña, Solano Hernández, Arturo del Tiempo Márquez o Figueroa Agosto. No se roban la luz, no se llevan aviones, no tienen contratos en Haití o Panamá, no construyen torres ni hoteles. Es por eso que para el pensamiento de algunos funcionarios deben ser castigados con las importaciones de arroz.
Por otro lado, la importación de los Despojos (que así se llama en nuestra clasificación arancelaria) tiene a los productores de cerdo en ascuas. Puede mucho más la firma de un permiso de importación, que la inversión de millones de dólares en granjas, la genética avanzada y el sudor de tantos sacrificados productores.
Con la leche el negocio es viejo. Desde hace décadas nos obligan a traer leche en polvo subsidiada y descremada desde Estados Unidos, Europa o Nueva Zelanda, sin preocuparse porque en las Matas de Farfán, en Duvergé o en Los Tocones de San José de (de donde es Fefita por cierto) haya leche buena y barata.
También dan permisos para importar miles de toneladas de suero des-proteinizado con lo que envenenan nuestros niños en el desayuno escolar y se fabrican unas baratas pero criminales imitaciones de leche, que lamentablemente, ni siquiera sabe la gente que es una imitación.
La verdad es que el negocio de los permisos de importación, es una verdadera maldición para la República Dominicana y una acción contraproducente a las funciones del Ministerio de la Agricultura, que es quien paradójicamente los otorga.
Lamentablemente hoy, para El Ministerio de Agricultura, el campo más fértil, la granja mejor equipada, el ordeño más productivo y el invernadero más moderno, son los puertos de las Aduanas, por donde entran los productos que le quitan el pan de cada día de la boca al campesino dominicano y su familia.
Me da estupor y repugnancia cuando la Oficina de Tratados Agrícolas del Ministerio de Agricultura (OTCA), como para burlarse del trabajo de los productores, publica a página entera, en todos los periódicos dominicanos, los anuncios de las subastas de permisos de importación. Así se inicia la francachela, como si fuese un festival o una subasta.
Me parece ver la bebentina de los permisos, como a la fiesta dirigida por los martillazos de Abel, con los honorables voten, que en este caso sería honorables compren. Cómprennos los permisos y quebremos a los campesinos, total, el poder es para usarlo.
Ahí no termina todo. Solo comienza. Ahí se inicia el largo trajinar de un permiso por debajo de la mesa, asignado a quien da más, y vendido a testaferros y clientes, amigos, amigotes y socios.
La verdad es que esta es sólo una formalidad. Una formalidad para hacerle creer a los americanos, que aquí todo está bien. La verdad es que no importan las cuotas. Aquí se trae toda la leche, todo el cerdo, todas las habichuelas, todo el ajo y toda la cebolla, que los funcionarios y sus amigos quieran.
Los permisos de importación, los del DR-CAFTA y los de la Rectificación, han servido y sirven para acumular millonarias fortunas. Las habichuelas, las cebollas, los ajos, el cerdo, la leche, sobretodo, han servido para crear capitales millonarios en perjuicio de los productores y sus trabajadores y familias.
Las importaciones permitidas y las no permitidas, que vienen a través de esa MAFIA de las IMPORTACIONES, que se realizan a través del Ministerio de la Agricultura pero que termina beneficiando a Palacio (que es el mar donde desembocan todos los ríos de dinero), es el principal enemigo de los productores nacionales y uno de los principales enemigos del país.
Aunque benefician a un puñado de allegados a los funcionarios, nos perjudican a todos. Porque cuando una finca de arroz, una granja de pollos o un ordeño quiebra y tienen que cerrar, son menos empleos y más pobreza creada. Mayor migración a la ciudad para engrosar las filas de la delincuencia.
Tal como el narcotráfico, el sicariato, el clientelismo y el crimen organizado, la MAFIA DE LAS IMPORTACIONES, es un peligroso enemigo que se cierne sobre el país. Sirve para crear grandes fortunas de dinero fácil y mal habido, pero genera pobreza y desolación a lo largo y ancho de nuestra geografía. El campo desaparece y la ciudad sufre sus consecuencias.
Es contra esa verdadera Mafia, que se ha forjado en las instituciones públicas, que el combate de los productores se ha desarrollado en los últimos meses. Afortunadamente la verdad está saliendo a flote, a pesar de que los capos y capitos digan que las instituciones de los productores no existen.