El mérito de la unidad
El pasado 21 de junio el Partido Revolucionario Moderno convocó a su Comité Ejecutivo Nacional con el objetivo de oficializar los procedimientos para la modificación de sus estatutos y, adicionalmente, decidir los métodos de elección para las nuevas autoridades partidarias.
El ambiente, caracterizado por el entusiasmo, el compañerismo y la confraternidad, recibió el mensaje de las autoridades en la persona del secretario de organización, el delegado político ante la JCE, la secretaria general y presidente de la organización. El cierre de esta representativa reunión, para el presente y futuro de nuestro colectivo, contó con la intervención del presidente de la República y líder del partido, el compañero Luis Abinader.
La pieza discursiva del presidente, se orientó en el desarrollo del gobierno y en la importancia de fortalecer el instrumento democrático que constituye el partido alrededor de un valor indispensable para la defensa de las ejecutorias gubernamentales y, a su vez, para nuevas conquistas electorales: la unidad.
La unidad política rara vez nace del consenso espontáneo; surge de la necesidad de construir una efectiva herramienta que pueda ser de utilidad a la sociedad en sus propósitos de desarrollo.
Los partidos crecen sobre diferencias —de origen, de ambición, de visión— y es precisamente esa diversidad la que, bien encauzada, produce fuerza electoral y certidumbre política. La historia de los movimientos y agrupaciones políticas exitosas no ha sido un relato provisto de homogeneidad, sino un proceso de adecuada administración de las diferencias sin que estas fracturen el objetivo común; el PRM no ha sido la excepción.
En toda organización coexisten liderazgos naturales que compiten por espacios. Esto no es una anomalía ni una debilidad: es la condición misma de cualquier estructura viva.
El error no está en la existencia de pluralidad, sino en confundirla con división.
No podemos satanizar las corrientes de pensamiento dentro de nuestra organización. Un partido carente de corrientes internas sería como un corazón marcado por pulsaciones arrítmicas o, peor aún, sin la capacidad de latir.
El desafío es armonizar sobre las diferencias, transformándolas en insumos para la superación de obstáculos.
La unidad genuina no se decreta, se construye. No basta con invocarla, pronunciarla o exigirla como condición de lealtad; la unidad se cultiva en los espacios donde las personas se sienten escuchadas, donde sus aportes, aun sean los más radicales disidentes, encuentren cauce institucional.
Ese es el reto que el presidente Abinader y nuestro partido ha planteado en esta etapa de maduración.
Experiencias
Fruto de las experiencias acumuladas, el PRM tiene una clara comprensión sobre las motivaciones que produjeron su creación y el rol histórico que debe jugar en la solidificación democrática de la sociedad dominicana.
Los episodios vividos han enseñado que los momentos de mayor cohesión coinciden, casi siempre, con los lapsos de más nitidez sobre las pretensiones compartidas.
Las campañas que triunfan no erradican el desacuerdo interno, más bien logran subordinarlo temporalmente, a una meta que todos reconocen como superior a sus diferencias particulares.
La unidad también exige un liderazgo capaz de renunciar a parte de sus propios propósitos. Es más fácil solicitar unidad que practicarla, porque hacerlo implica ceder protagonismo, repartir créditos, compartir el espacio público con quienes, en otro momento, se mostró rivalidades.
Los liderazgos que entienden el alcance del desprendimiento como vía racional para la consecución de metas, trascienden los ciclos electorales.
Mis compañeros aspirantes
En distintos escenarios, tanto públicos como privados, he manifestado mis inquietudes sobre el discurrir de los acontecimientos políticos que marcan la vida institucional del PRM.
La boleta presidencial que estructuraremos de cara al certamen de 2028, por vez primera, no contara con el presidente Luis Abinader como figura principal.
Eso de entrada nos impone el reto de la renovación para la reelección: renovar nuestra propuesta electoral para lograr la reelección del PRM dirigiendo los destinos nacionales.
La legitimidad de las aspiraciones de meritorios y valiosos compañeros, reconocida por el propio presidente Abinader, no está en disputa ni en cuestionamientos; lo que si se pone a prueba es la forma en que esa legítima ambición se ejerce.
Trabajar por la unidad no significa renunciar al propósito personal, sino supeditar el cálculo individual al destino colectivo de la organización: competir con altura, sin convertir las estructuras partidarias en trincheras, y sin que el entusiasmo de las bases se transforme en rivalidad que erosione lo que con tanto esfuerzo se ha logrado construir.
Guido, David, Yayo, Carolina, Wellington, Tony, representan una nueva, vigorosa y resuelta generación política llamada a contribuir, junto al líder del partido, la Dirección Ejecutiva y demás estamentos de mando y organización, al fortalecimiento y modernización de este aparato democrático patrimonio del pueblo dominicano.
En síntesis, el discurso del 21 de junio puede leerse en tres planos que se refuerzan entre sí.
En lo partidario, fue un llamado a preservar la cohesión del PRM frente a una carrera presidencial que comienza a tomar forma.
En el plano conceptual, ofreció una definición de unidad que rechaza tanto la división destructiva como la uniformidad impuesta, entendiéndola como la capacidad de debatir y aspirar sin fracturar el proyecto común.
Y en lo institucional, planteó que la fortaleza del gobierno y la del partido son inseparables e indisolubles, de modo que cuidar al PRM es, en última instancia, cuidar la gobernanza.
Al reflexionar en este espacio semanal, me quedo con tres palabras: humildad, unidad y determinación, que, lejos de ser una fórmula retórica, constituyen hoy la hoja de ruta marcada, que busca atravesar y completar eficientemente, sin escisiones ni desencuentros, el tramo que nos separa de las jornadas electorales.
El amplio sentido de responsabilidad política, y el sobrado compromiso con los mejores intereses del país, nos conduce a decretar que, con la pujanza y el mérito de la unidad, tanto en febrero como en mayo de 2028, ¡volveremos a ganar!
“En distintos escenarios, tanto públicos como privados, he manifestado mis inquietudes sobre el discurrir de los acontecimientos políticos que marcan la vida institucional del PRM”.