El merengue: un ritmo sin relevo y sin apoyo
El ritmo bachata ha logrado superarse a sí mismo, logrando una proyección internacional que no imaginaron sus primeros exponentes, como José Manuel Calderón, Luis Segura, Mario Pérez, Leonardo Paniagua y otros de los llamados bachateros clásicos.
Si en los 80 a alguno de estos se le hubiese preguntado si este ritmo se internacionalizaría, de seguro habrían respondido que no, porque la gente la escuchaba a escondidas.
Hasta le llamaban música de guardia, pero a partir de una nueva camada de intérpretes, como Anthony Santos, Luis Vargas, Joe Veras, Frank Reyes, Yóskar Sarante y Zacarías Ferreira este ritmo se transformó y le llegó el relevo.
Fue a partir del dueto Monchy y Alexandra que la bachata comenzó a expandirse por playas extranjeras, ya que vinieron con una música más fresca y juvenil, lo que dio paso al grupo Aventura, que con Obsesión confundía a muchos con el dúo mencionado. Todo esto lo escribo para llegar donde quiero, que es precisamente en la falta de relevo que tiene el merengue, que en la bachata eso está superado.
La principal razón por la que la bachata ha llegado más lejos que el merengue es porque tiene relevo.
Es increíble que el merenguero más joven sea Héctor Acosta, quien debutó en 1991. Todos los merengueros establecidos pasan de 40 años, los cuales no poseen los códigos que la juventud está exigiendo.
Rafely Rosario, Darlyn Madé, Miguel Ángel, Eddy Rafael y otros buenos jóvenes intérpretes han sido una esperanza para que el merengue tenga buenos relevos, pero lamentablemente no han encontrado apoyo, pese a su talento.
Las orquestas establecidas deberían aportar, poniendo a grabar a coristas que participan en sus frentes, como en los 80, aunque luego estos se lancen en solitario, pero sería un gran aporte de su parte.