San Pedro de Macorís.-El malecón de esta ciudad está apagado, por la falta de una eficiente energía eléctrica que ilumine sus largas noches y evite así que la delincuencia se apodere de quienes se arriesgan a visitarlo.
Paulatinamente, este icono urbano exhibe un progresivo deterioro en sus muros de contención o asientos, que le quita esplendor a este tradicional paseo, donde muchos van en busca de recreación.
Pienso que el alcalde debe habilitarlo y muy especialmente poner en función el viejo faro, que es un símbolo de aquí, comentó Pura de la Rosa, residente en el populoso barrio Las Piedras, Playa del Muerto.
Para Miguel Mojica, quien señaló que el malecón inicia en la rotonda de la playa hasta la intersección de la Domínguez Charro, este lugar es un caos, la gente se ha limitado a visitarlo sólo los fines de semana hasta que hay cierta claridad.
Los cocheros, que representaban una de las principales atracciones del lugar, han ido desapareciendo de allí, según Mojica y otros asiduos visitantes.
El actual alcalde le quitó las lámparas que verdaderamente alumbraban, tanto allí como en otras vías aledañas, afirmó Miguel Ángel Mañón, residente en el sector Miramar.
Debido a esa situación dueños de pequeños negocios se quejaron de la baja que registran las ventas en esa zona, la cual pierde parte de su esplendor, aunque las azulosas aguas del mar y la apacible brisa que sopla hacen que la gente olvide el descuido a que está sometido el lugar.
Pesca
La actividad pesquera, que se fomenta a nivel particular, también está en baja, de acuerdo a visitantes del litoral, que relacionan el fenómeno a la falta de limpieza.
Escombros y desperdicios de distintas clases se visitualizan a lo largo del trayecto, antes visitado asiduamente por nacionales y extranjeros.
Estos últimos acostumbraban a recorrer el lugar en coches para apreciar no sólo la belleza que caracteriza el malecón, sino también para ir a la ciudad.
Con esa dinámica, además de los visitantes disfrutar de la refrescante brisa, un nutrido grupo de cocheros se agenciaba el pan de sus hijos a través de ese trabajo.
Los residentes esperan que las autoridades vayan en auxilio del malecón, para que recupere sus encantos urbanísticos y vuelva a ser un atractivo de sana diversión.