El lamento de los jueces

Nassef Perdomo Cordero
Nassef Perdomo Cordero, abogado.

Para el jueves 21 de este mes está convocado un paro judicial. Ese día los jueces protestarán por las condiciones laborales en las que tienen que desempeñar su función. Para quien no conoce el sistema de justicia esto puede resultar extraño, pero no lo es para quienes tenemos que lidiar día tras día con el sistema de justicia.

Los jueces dominicanos y su personal de apoyo son funcionarios públicos cuyo servicio no es retribuido adecuadamente. No cuentan con salarios que vayan acorde con su trabajo, ni con las condiciones materiales que les permitan desempeñarlo eficazmente, ni con la seguridad en el desarrollo de la carrera judicial y administrativa que debe ser premio de quien desempeña bien su trabajo.

Lo he dicho antes: los jueces dominicanos hacen mucho más de lo que pudiera esperarse con lo poco que reciben. Y no se trata sólo de salarios, también es espacio de oficinas, salones de audiencia, personal de apoyo. Durante muchos años el Tribunal Superior Administrativo anduvo errante, a lo que se han sumado muchos tribunales civiles y penales por la necesaria clausura del palacio de justicia del Centro de los Héroes. Y del cúmulo aplastante de trabajo es mejor ni hablar.

La virtualidad, aunque un avance en muchos sentidos, es una solución insuficiente para el ambiente de carencias en el que se tienen que desempeñar los jueces y su personal. Tampoco los miembros del Ministerio Público cuentan con las condiciones suficientes y necesaria para hacer su labor. Ya en noviembre de 2024, los fiscales habían convocado también un paro por razones similares, aunque quedó sin efecto en los primeros días de diciembre de ese mismo año.

Esta situación es un llamado de atención no sólo a las autoridades, sino también a la ciudadanía. Por la naturaleza de su trabajo, los jueces están llamados a dar la cara por los resultados del sistema de justicia, y eso los expone a duras críticas. Con el devenir de las redes sociales, al escarnio incluso.

No es posible que les exijamos tanto y al mismo tiempo queramos invertir tan poco en ellos. Ni la justicia se compra en descuentos, ni es justo, apropiado o inteligente valorar tan poco su trabajo.