El “Himno a las Madres” cumple 100 años: un siglo de memoria, amor y nación
- A 100 años de su creación, el Himno a las Madres sigue siendo un puente entre tradición y memoria
Santo Domingo. – Este año se conmemora el centenario del “Himno a las Madres”, una de las piezas más emblemáticas del repertorio cultural y patriótico de la República Dominicana, que durante un siglo ha estado presente en actos escolares, ceremonias oficiales y celebraciones familiares en honor a las madres.
El Himno a las Madres dominicanas fue escrito por la poeta y exprimera dama Trina de Moya y musicalizado por el sacerdote español Manuel de Jesús González. Esta emblemática pieza fue estrenada el 30 de mayo de 1926, coincidiendo con la instauración oficial del Día de las Madres en el país.

Con el paso del tiempo, la obra se ha convertido en un símbolo de reconocimiento y gratitud hacia la figura materna, elevando a la madre dominicana como pilar fundamental de la familia y de la sociedad.
Más que una composición musical, el himno representa una expresión profunda de identidad nacional. Su interpretación en escuelas, actos oficiales y actividades conmemorativas continúa generando momentos de solemnidad y emoción colectiva.
Estudiosos de la cultura dominicana destacan que pocas piezas han logrado una permanencia tan constante en la vida social del país, lo que reafirma su valor histórico, artístico y simbólico.
A 100 años de su creación, el Himno a las Madres sigue siendo un puente entre tradición y memoria, manteniendo viva la exaltación de la maternidad dentro del imaginario cultural dominicano.

Himno a las Madres
! Venid los moradores del campo y la ciudad, y entonemos un himno de intenso amor filial! :
Cantemos de las madres la ternura, el afán y su noble atributo de abnegación sin par.
Celebremos todos la fiesta más bella, la que más conmueve nuestro corazón; fiesta meritoria, que honramos con ella a todas las madres de la creación.
¡Quien, como una madre, con su dulce canto, nos disipa el miedo, nos calma el dolor, con solo brindarnos su regazo santo, con sólo cantarnos baladas de amor!
De ella aprende el niño la sonrisa tierna, el joven la noble, benéfica acción; recuerda el anciano la oración materna y en su alma florece la resignación.
ORO: Venid los moradores…