El final del camino

http://eldia.com.do/image/article/85/460×390/0/ADBA5542-54B0-4BE5-A7BD-FBFDE0867E1E.jpeg

Visité la tumba del señor Post en Battle Creek, Michigan una mole de bronce recubierta de mármol al estilo faraónico, esta fue concebida con un propósito especial, ser para siempre, al margen de la vida eterna cristiana, fe a la cual en la parte última de su existencia renegó y concluyó sus días suicidándose de un disparo algunos meses antes de cumplir los 60 años. Creador del más grande imperio comercial de cereales de su tiempo, rivalizó con Kellog su socio, quien ganó fama de hombre bueno y filántropo, cualidad que le dio fortaleza para vivir 91 años y morir tranquilo, su imagen crece en el mundo como la verdolaga pero, con estatura de gigante.

La vida nos va enseñando cada vez, que ser hombre o mujer de bien y ejercer esa tarea nos justifica como personas socialmente útil y que esto es una escalera o un bajadero donde lo más importante es como se termina. En el poder o fuera de el, si la muerte no es el final la tumba puede serlo. El obituario dominicano está lleno de gente importante que el sepulcro se los tragó. Por la tumba del pragmático Jacobo Majluta hay desolación; el panteón del vibrante y enérgico líder popular José Francisco Peña Gómez toma vigencia en ciertas fechas si genera réditos políticos; Juan Bosch, el maestro psicorrigido, cuya inteligencia cada vez más, la demuestra el tiempo, pidió ser recluido en su patria chica, La Vega, donde siempre será respetado; pero Joaquín Balaguer, creó un rico imperio cívico-militar que todavía medio-vela por su tumba, cuando su imagen parece disminuir, puede ser objeto de preocupación, la cripta y el entorno lucen ya descuidados, pronto no tendrá vigilancia, sus ideas tienen cada vez menos seguidores y en un plazo no muy largo, esos despojos habría que guardarlos en una iglesia para que interesados en matarle después de su muerte no asalten sus huesos como trofeo impúdicos y tomen la venganza que aun la historia no factura.

Post, como genio, previó su final, al reconocerse apóstata, cerró sus días con un colt, un disparo y un agujero de siete metros en bronce para que lo colocaran. Nuestros inteligentísimos representantes de la clase política sólo han construido avenidas, malecones, corredores y miradores, al margen de la conmutación social, si no se prevé racionalidad arriba se debe temer el desamarre y el saqueo potencial de los de abajo. El viento huele mal. ¡Que pena que las osamentas puedan ser utilizadas para entretenimiento!

Al final del camino sólo los mortales pueden llegar a ser inmortales, el espejo está ahí, medir pasos y consecuencias.

Sobre el autor

El Día

Periódico independiente.