El fanatismo es dañino

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Los fanáticos del boxeo sienten una atracción tan grande por la figura de Cassius Clay (Mohammad Alí) que no aceptan ni por asomo que se realicen comparaciones con cualquier otro púgil.

Es como los amantes del béisbol, que todavía en su mayoría ven a Babe Ruth como el mejor de todos los tiempos, sin sopesar en toda su dimensión el trabajo de otros jugadores extraordinarios.

Dado el ímpetu con que se expresan, me lleva a creer que tienen por éste una pasión parecida a la que los católicos rinden a Jesucristo y los musulmanes a Alá.

Tras la comparación que hice sobre las carreras de Clay y Mike Tyson he recibido correos en los que los seguidores del primero expresan su disgusto porque “maltraté” su figura, en el entendido de que el segundo ni siquiera tenía calidad de ser ni siquiera sparring del primero.

Uno de los grandes males o quizá el peor que ha afectado al mundo, es el fanatismo radical e irracional, el que ha generado los peores desastres en la historia de la humanidad.

Cuando se descarta el valor moral, espiritual y material de algo o alguien, sin efectuar un análisis objetivo, se cae en el fanatismo.

Es probable que Alí haya sido mejor que Tyson, pero no se puede recurrir a elementos sin fundamentos para sustentarlo, hay que ser específico en los hechos y el momento histórico de las carreras de ambos, El apasionamiento hay que erradicarlo.

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El Día

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