El estrés y la sexualidad (2 de 2)
Recordando que el estrés es un esfuerzo de adaptación, donde el organismo establece un ajuste con el ambiente que le garantiza su supervivencia.
Por esto, el estrés es positivo, beneficioso y saludable. Cuando este persiste, se acumula y se vuelve inmanejable, se convierte en distrés, que es patológico y no saludable, en el que aparece una fase de agotamiento que no permite la capacidad de adaptación, lo que repercute en el comportamiento.
Algunos de los signos y síntomas que se presentan son ansiedad, irritabilidad, insomnio, dolor de cabeza o del cuerpo en general, falta de apetito, cansancio, palpitaciones, tensión en el cuello, agotamiento físico.
Entre los trastornos resultantes encontramos la pérdida del rendimiento sexual y la aparición de disfunciones sexuales, además de dificultades en la comunicación de la pareja.
Muchos de los casos de disminución del deseo sexual, trastornos en la erección, dificultad de conseguir orgasmos, tienen su base en este estrés.
Pasamos el día entre conflictos laborales, ambientes competitivos, tapones en las calles, presiones económicas y sociales, lo que nos deja sin energía para compartir una sesión de amor y sexo con la pareja.
Es imprescindible comunicar nuestros sentimientos y dificultades. Al encontrarse con la pareja, dejar atrás las sobrecargas emocionales, dejar para después las conversaciones importantes y las quejas, encender velas arómaticas, poner música suave, besarse y masajearse mutuamente, hablar alguna tontería y entregarse al encuentro.