Santo Domingo.-Un cierto grado de estrés es necesario para superar las pruebas de la vida.
El problema viene cuando el nivel de exigencia supera en mucho lo conveniente, donde el hogar no se escapa de este problema que sufren tanto padres como hijos.
De acuerdo a la psicoterapeuta Edén Rosario, del Centro Psicopedagógico Mis Amiguitos, en muchas familias los padres viven dificultades de todo tipo: económicas, en el trabajo y en las relaciones de pareja, teniendo un ritmo de vida agotador.
También los niños soportan todo tipo de presiones: los exámenes, las notas, tiempo libre insuficiente, actividades programadas a todas horas y para todos los días, agrega.
Según Rosario, todo esto unido en el hogar se convierte en una bomba de tiempo para la salud mental y física de niños y adultos, en especial de los más pequeños, porque la mayoría no sabe cómo manejar este problema y los padres no se percatan de ello.
Según estudios recientes, comenta Rosario, se estima que el 40% de los niños sufre una sobrecarga física y emocional y que las depresiones afectan al 8% de la población infantil.
Indica que los síntomas más comunes de estrés en los niños son la angustia, jaquecas, náuseas, irritación permanente y fatiga crónica. Además, la hiperactividad, el déficit de atención y el síndrome de fatiga crónica también afecta a los pequeños.
La directora del centro psicopedagógico explica que ya desde los 2 años el estrés puede agravar el asma o las alergias y provocar trastornos intestinales e irritaciones en la piel.
Son nuestros hijos, pero no dudamos en cargarlos con todo tipo de obligaciones y actividades para evitar que pierdan el ritmo de la vida actual y se queden atrás. Antes de comenzar la enseñanza primaria les completamos el horario escolar con otras materias: inglés, música, informática y, además, en los fines de semana los apuntamos a fútbol, tenis, artes marciales y ballet.
Otro aspecto que afecta a los infantes es el estrés que perciben de sus padres, quienes terminan su jornada fatigados e irritables y descargan la tensión sobre sus hijos.
El patrón de ahora es terminar la jornada laboral y llegar al hogar a afrontar otras tareas: la atención y el cuidado de los hijos, y el resto de las tareas domésticas. Al final, agotados, ir a dormir y acumular fuerzas para el día siguiente repetir el ciclo. Esta rutina está socavando el bienestar familiar, concluye la psicoterapeuta Rosario.
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