El embargo que derramó la copa
Un teniente al servicio de un alguacil que realizaba un extraño embargo por una demanda laboral contra la empresa Petro Química encañonó al presidente de esa entidad, Celso Marranzini, quien además es vicepresidente ejecutivo de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales con rango de Ministro.
La acción viene a engrosar un amplio glosario de quejas de embargos extraños que han puesto en peligro hasta la estabilidad de la industria turística en la región Este.
La acción del citado suboficial reviste gravedad aún si fuera cometida contra un simple ciudadano, aunque tiene el agravante de que se trata de un Ministro.
La vida del ciudadano Celso Marranzini se vio en peligro, aunque ni él mismo se percatara, pues al ser encañonado su vida estuvo a expensas de cualquier eventualidad que provocara la percusión del gatillo.
La Suprema Corte de Justicia y la Procuraduría General de la República ya han sido apoderadas oficialmente de quejas sobre estos extraños procedimientos contra empresas.
Un país que se precie de civilizado no puede seguir a expensas de que cualquiera pueda buscarse unos policías por su propia cuenta, un camión, un alguacil y un grupo de desaprensivos para ir a ejecutar un embargo sin un claro sostén jurídico.
Como en cualquier otro caso, la impunidad sigue siendo el mejor aliado de las acciones reñidas con la Ley.
Por lo tanto la Suprema Corte y la Procuraduría deben sancionar a los alguaciles y militares que se dedican a realizar embargos irregulares.