El efecto Streisand

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Nassef Perdomo Cordero, abogado.

Nadie discute hoy que las redes han cambiado deforma radical el ciclo vital de las informaciones y el cómo se difunden. Una de sus consecuencias es que ya no son tan útiles las herramientas que en el pasado permitían limitar la propagación de informaciones. No me refiero a la censura, aunque esta también está sometida a la nueva dinámica, sino a los mecanismos legítimos previstos por el legislador.

En el mundo actual, el uso correcto o abusivo de estos mecanismos es cada vez menos efectivo, porque la reproducción de una información ya no requiere de una infraestructura importante; basta conpresionar un botón para enviarla a cientos, miles o cientos de miles de personas.

Existe un fenómeno, con nombre atado a la estrella musical y cinematográfica estadounidense Barbra Streisand y el caso en el que acudió a los tribunales por lana y salió trasquilada, que encarna los peligros que trae aparejados esta dinámica para quienes hoy en día intentan controlar, legítima o ilegítimamente, las informaciones que se difunden sobre ellos.

Se trata del “efecto Streisand” que, en resumidas cuentas, puede definirse como la explosión de exposición que acompaña los intentos de controlar una información.
El caso tuvo su origen en un estudio sobre la costa de California llevado a cabo por el Proyecto de Registros Costeros de California. Como parte de este estudio, el fotógrafo Kenneth Adelman tomó fotos de toda la costa del estado y, además, las publicó en la Red para que otros estudiosos pudieran acceder a ellas.

En 2003, Streisand se enteró de ello y de que, además, una de las fotos era de su casa en Malibú. Molesta por lo que entendía como una invasión a su privacidad, demandó a Aldeman y al proyecto para que eliminaran la imagen de su propiedad. La demanda trajo a la fotografía una notoriedad que jamás hubiera alcanzado. Según la BBC, en pocas semanas pasó de haber sido vista seis veces a tener 420,000 visitantes. Todo el mundo supo exactamente lo que Streisand quiso cubrir. Para más INRI, Streisand perdió el caso y tuvo que pagar las costas legales de los demandados.

Este no es el único ejemplo del “efecto Streisand”, sus víctimas son de toda laya y calibre, pasando por los servicios de inteligencia franceses, actores, empresas, políticos y un larguísimo etcétera. Razón suficiente para que aquellos que pretenden usar (o abusar de) los mecanismos legales que permiten controlar informaciones, aquilaten las consecuencias de sus acciones. El “efecto Streisand” es real, y no perdona a nadie.

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