El dólar y el petróleo: la doble presión sobre la economía dominicana

Cuando el dólar sube, el costo de importar petróleo aumenta automáticamente, incluso si el precio internacional del barril no registra variaciones significativas

El petróleo de Texas cae un 7,4 %, hasta su precio más bajo desde 2021
Campo petróleo en Texas, Estados Unidos. Fuente externa

SANTO DOMINGO.- La última vez que el mundo enfrentó una crisis petrolera de la magnitud de la actual, no existían las redes sociales, el enemigo número uno de Estados Unidos era Saddam Hussein, las Torres Gemelas aún dominaban el skyline de Nueva York y cadenas como CNN apenas comenzaban a consolidarse como referentes globales de información.


Hoy, en un mundo completamente distinto, República Dominicana vuelve a sentir los efectos de una turbulencia energética internacional que, como entonces, termina impactando directamente el precio de los combustibles, el costo del transporte y el bolsillo de los ciudadanos.


Además del precio del petróleo, existe un segundo factor, menos visible pero igualmente determinante, debido a que a mayor precio del crudo, mayor es la cantidad de dólares que el país debe destinar a la importación de combustibles y sus derivados.


El petróleo se comercializa en los mercados internacionales fundamentalmente en dólares. Este sistema, conocido como el “petrodólar”, ha sido durante décadas uno de los pilares del orden económico global. Bajo este esquema, las importaciones de petróleo debe hacerse en la moneda estadounidense, independientemente de la fortaleza o debilidad de su propia divisa.


Para República Dominicana, esta realidad implica una vulnerabilidad estructural. El país compra combustibles en dólares, pero su economía opera en pesos. Esa diferencia crea una dependencia directa del comportamiento del tipo de cambio.

Cuando el dólar sube, el costo de importar petróleo aumenta automáticamente, incluso si el precio internacional del barril no registra variaciones significativas.


En la práctica, esto significa que el país puede enfrentar aumentos en los combustibles por dos vías simultáneas. La primera es el encarecimiento del petróleo debido a conflictos geopolíticos, como el actual escenario en Medio Oriente. La segunda es la apreciación del dólar frente al peso dominicano. Cuando ambos factores coinciden, el impacto se multiplica.


Al aumentar la factura petrolera, ya sea por mayor demanda o por el alza de los precios internacionales, el país necesita más dólares para cubrir esas importaciones, lo que genera presiones adicionales sobre el mercado cambiario.


Ambos elementos tienen un impacto inflacionario directo.


La combinación de precios elevados del combustible y presión sobre la tasa de cambio se conoce como “choque combinado”, lo cual explica por qué los combustibles pueden subir de manera sostenida incluso en momentos en que el mercado petrolero no presenta disrupciones severas en la producción.

En este contexto, la moneda se convierte en un factor tan determinante como el propio crudo.
El sistema del petrodólar no solo organiza el comercio energético, sino que también otorga a Estados Unidos una ventaja estructural en la economía global.

Al ser el dólar la moneda de referencia, se genera una demanda constante por esa divisa, lo que fortalece su posición y le permite influir en el comportamiento de los mercados internacionales.


La amenaza de la moneda china


En los últimos años, sin embargo, han surgido intentos de desafiar ese modelo. Países como Irán, afectados por sanciones económicas, han buscado mecanismos alternativos para vender su petróleo en monedas distintas al dólar, particularmente en acuerdos con China y otros socios estratégicos. Estas iniciativas, aunque aún limitadas en alcance, introducen mayor complejidad en el mercado y contribuyen a la volatilidad.


Para economías dependientes como la dominicana, cualquier alteración en ese sistema de referencia añade incertidumbre. No solo se trata del precio del petróleo, sino también de la estabilidad del marco financiero en el que se negocia.


Las reservas en moneda extranjera del Banco Central dominicano están denominadas fundamentalmente en dólares, por lo que estas contingencias internacionales añaden incertidumbre y representan retos adicionales para las autoridades monetarias.


El impacto de esta dinámica se siente de manera directa en la economía local. Cuando el costo de importar combustibles aumenta, ya sea por el precio del crudo o por la fortaleza del dólar, se generan presiones inflacionarias.

El transporte se encarece, los costos logísticos aumentan y los precios de los bienes básicos tienden a incrementarse.


En un país donde una parte significativa del gasto de los hogares está vinculada al transporte y al consumo de productos esenciales, estos aumentos tienen consecuencias inmediatas en el poder adquisitivo.


El Gobierno dominicano ha recurrido de manera sistemática a los subsidios para contener el impacto de estas alzas. Esta política ha permitido evitar incrementos abruptos en los precios de los combustibles, pero ha implicado un costo fiscal considerable.

Cada vez que el Estado absorbe parte del aumento internacional, incrementa el gasto público y reduce el margen de maniobra en otras áreas.


En las últimas tres semanas, ese subsidio ha superado los 2,500 millones de pesos, a pesar de que se aplicó un aumento de 10 pesos a la gasolina premium.


Cuando el petróleo sube de manera prolongada y se incrementa la presión sobre el tipo de cambio, el costo de los subsidios se acumula y presiona las finanzas públicas.


El país ha podido mitigar parcialmente el impacto del dólar que se ha mantenido incluso por debajo de los 60 pesos por uno gracias al aumento en la generación de divisas, impulsado por el buen desempeño del turismo, las zonas francas, las remesas, la inversión extranjera y los altos precios del oro.
Para el consumidor, esta realidad se traduce en una presión inflacionaria constante.


El desafío para República Dominicana es claro: en el corto plazo, gestionar el impacto sobre los precios y proteger el poder adquisitivo de la población.