El diagnóstico del cáncer
El cáncer pudiera ser llamado con toda justicia como la enfermedad de las mil caras, pues son muchos los síntomas con que debuta ese flagelo sanitario.
Una mancha en la piel que crece mientras cambia de color, una “masita” que una mujer nota en uno de sus senos, un hombre que comienza repentinamente a convulsionar y es llevado a una sala de emergencia, un hombre “sano” que comienza a notar sangre en su orina, otro que descubre en un “chequeo rutinario” que su PSA ha aumentado hasta un valor anormal, un fumador que al toser nota estrías de sangre en su esputo, son unos pocos ejemplos de presentaciones de cánceres de, respectivamente, la piel, los senos, el cerebro, la vejiga, la próstata y los pulmones.
¿Qué debe hacer un lector de Teleidoscopio que presenta uno de los síntomas y signos más arriba mencionados? La recomendación más razonable que pudiera recibir un paciente en esa circunstancia sería comunicarse con su médico familiar o buscar uno con urgencia.
Ese médico, aunque no sea oncólogo, será pieza fundamental de la logística que lograría que el cáncer que amenaza la vida de ese ser humano sea tratado con posibilidades de curación o de paliar significativamente sus síntomas.
A continuación, en la gran mayoría de los casos, el médico familiar referirá al paciente a un médico oncólogo que trazará un plan de ataque al cáncer que pudiera incluir, dependiendo de la localización y el estadio de la malignidad, cirugía y/o quimioterapia y/o radiaciones.
Finalmente, debemos comprender que tratar un cáncer sin realizar su estadiaje llevará casi siempre a un tratamiento inadecuado. ¿Qué significa estadiaje? Lo descubriremos en el próximo Teleidoscopio.
*Por Fabio Valenzuela Sosa