El derecho a vivir sin miedo

¿Qué estamos haciendo con la democracia?
Claudio Caamaño Vélez

Cuando hablamos de delincuencia solemos pensar en lo material: el celular arrebatado, el vehículo robado, la cartera, el dinero que tanto trabajo costó conseguir. Pero la delincuencia nos está robando algo mucho más valioso: la paz.

Nos roba la tranquilidad de caminar por nuestras calles, de sentarnos en un parque, de regresar tarde a casa, de detenernos a conversar en una acera. Nos obliga a vivir mirando hacia atrás, desconfiando de quien se acerca y encerrándonos cada vez más detrás de rejas, cámaras y candados.

Nos está privando de disfrutar plenamente las maravillas de nuestro país. ¿De qué sirve tener hermosos parques, plazas, playas, montañas y ciudades si sentimos miedo de salir a disfrutarlos?
Pero hay algo todavía más doloroso: las vidas que se pierden. Personas trabajadoras, padres, madres, jóvenes llenos de sueños, ciudadanos nobles que salen de sus casas y terminan encontrando la muerte en las garras de la delincuencia.
Esto no puede convertirse en normalidad.

Enfrentar este problema requiere decisiones firmes, acciones drásticas e instituciones robustas capaces de prevenir, perseguir y sancionar el delito. Policía, Ministerio Público y justicia deben funcionar como un solo muro frente al crimen.

Recuperar nuestras calles no es únicamente combatir delincuentes; es devolvernos la libertad.
Podemos hacerlo. Pero requiere autoridades decididas y una sociedad que no se resigne. La paz también es un derecho.