El corredor del narcotráfico: las rutas que conectan Sudamérica, República Dominicana y Europa

  • Las organizaciones de narcotráfico aprovechan rutas marítimas y cadenas logísticas lícitas para intentar llevar cocaína hacia el mercado europeo

Decomiso cargamento de cocaína
El decomiso más reciente registrado en las costas de la provincia Peravia se arrestaron a tres dominicanos.

Santo Domingo.– República Dominicana se encuentra en medio de una de las principales rutas marítimas utilizadas por organizaciones internacionales para trasladar cocaína desde Sudamérica hacia Europa. Los grandes cargamentos que llegan al país no siguen una sola vía: cambian de embarcación, utilizan distintos puntos de la costa y, en algunos casos, terminan ocultos dentro de contenedores de mercancías legales.

La ruta comienza principalmente en Sudamérica, desde donde los cargamentos son movilizados hacia el Caribe. Entre las zonas identificadas figura La Guajira, región limítrofe entre Colombia y Venezuela que se ha convertido en un corredor marítimo utilizado por organizaciones del narcotráfico internacional.

Desde allí, las embarcaciones emprenden travesías que pueden prolongarse por más de 24 horas antes de intentar alcanzar las costas dominicanas.

La costa sur, puerta de entrada

La costa sur de República Dominicana se ha convertido en uno de los principales escenarios de interdicción de grandes cargamentos de cocaína.

Pedernales, Barahona, Baní y otros puntos de esta franja costera han sido escenario de operaciones de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), que junto a otros organismos de seguridad intenta interceptar las embarcaciones antes de que lleguen a tierra.

Pero los narcotraficantes también han cambiado sus métodos.

Las investigaciones de los organismos de inteligencia apuntan a que los cargamentos pueden ser divididos en varios viajes para reducir el riesgo de perder toda la droga en una sola operación.

Otra modalidad consiste en transportar grandes cantidades hasta zonas marítimas y luego distribuirlas entre varias embarcaciones, cuyos tripulantes pueden intentar pasar desapercibidos como pescadores para acceder por diferentes puntos de la costa. A esta práctica se le conoce como “medio palo”.

Las organizaciones también recurren a elementos simples para intentar dificultar la detección aérea, como lonas de determinados colores, mientras mantienen comunicación con sus socios en tierra mediante equipos de comunicación y sistemas de posicionamiento.

Operación Caimán: seis narcofamilias en el Sur

Un ejemplo de ello es la estructura de narcotráfico desmantelada mediante la Operación Caimán, integrada por seis narcofamilias que operaban en la región Sur del país, específicamente en Barahona, Pedernales, Azua y Peravia.

La investigación permitió establecer la dimensión territorial y económica de una organización que no se limitaba al movimiento de drogas, sino que había desarrollado una estructura con capacidad para manejar importantes recursos provenientes del narcotráfico.

La red abarcaba las provincias de Peravia, Azua, Barahona, Pedernales y San Cristóbal, donde, de acuerdo con las investigaciones de las autoridades, manejó exorbitantes sumas de dinero provenientes de actividades vinculadas al narcotráfico.

Las “narcolanchas” aumentan su capacidad

La evolución de las embarcaciones utilizadas constituye otra muestra de la carrera entre las organizaciones criminales y las autoridades.

Los organismos de inteligencia han detectado el uso de lanchas más grandes y equipadas con motores fuera de borda de alta potencia, con el propósito de desarrollar mayores velocidades durante las travesías y dificultar las persecuciones.

Algunos de estos motores pueden costar entre 40,000 y 45,000 dólares, dependiendo de la marca y sus características.

Un caso reciente ilustra esa evolución. La DNCD ocupó una embarcación de 28 pies de eslora equipada con dos motores de 250 caballos de fuerza cada uno, utilizada en una operación en la que se intentó introducir 766 paquetes de cocaína por la costa de Pedernales.

La inversión en este tipo de embarcaciones evidencia el valor que las organizaciones criminales atribuyen a la velocidad y a la capacidad de transportar grandes cantidades de droga por vía marítima.

Cuando la droga llega a los puertos

Si el cargamento consigue entrar al territorio dominicano, comienza una segunda fase de la ruta: sacarlo nuevamente del país.

Es aquí donde adquieren especial importancia los puertos de Haina y Caucedo, dos de las principales terminales marítimas del Caribe.

En ambas instalaciones se libra una batalla menos visible que la que ocurre en las costas. Las organizaciones intentan aprovechar el enorme movimiento de mercancías para ocultar la droga dentro de cargas legales y enviarla hacia otros países.

La operación de control involucra a la DNCD, la Dirección General de Aduanas y las autoridades portuarias, que utilizan escáneres y otras herramientas tecnológicas para inspeccionar contenedores sin detener completamente el flujo comercial.

La cooperación internacional también juega un papel importante. El intercambio de información con autoridades estadounidenses permite identificar movimientos sospechosos y dar seguimiento a cargamentos desde sus puntos de origen.

Europa, el destino de los grandes cargamentos

Los decomisos realizados en los principales puertos dominicanos muestran que Europa figura entre los destinos recurrentes de los grandes cargamentos de cocaína.

El precio de la droga en el mercado europeo, que puede alcanzar entre 55,000 y 60,000 euros por kilogramo, convierte al continente en un destino altamente atractivo para las organizaciones criminales.

De ahí que cargamentos incautados en Haina y Caucedo hayan tenido como destino final países europeos.

La ruta, en esos casos, puede comenzar en Sudamérica, continuar por el Caribe, pasar por República Dominicana y terminar en terminales europeas.

La contaminación de contenedores

Una de las modalidades que más preocupa a las autoridades es la contaminación de contenedores, en la que la droga es introducida dentro de cargas que forman parte del comercio legítimo.

La Organización Mundial de Aduanas (OMA) ha advertido sobre esta práctica y sobre la participación de personas con acceso a las cadenas logísticas.

En su informe de 2025, titulado Infiltración de las cadenas de suministro de carga marítima. Delincuencia organizada, cocaína y el conspirador interno, la organización documentó 1,321 detecciones de cocaína en carga marítima durante 2024, equivalentes a 635.2 toneladas.

El fenómeno también ha tocado las terminales dominicanas.

El Ministerio Público y la DNCD han apresado a personas vinculadas a operaciones dentro del Puerto Multimodal Caucedo, incluidos empleados o contratistas señalados por presuntamente utilizar sus niveles de acceso para facilitar el trasiego de drogas.

La misma problemática se ha presentado en el transporte aéreo. En marzo de este año fueron arrestados cuatro empleados y exempleados del Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA-JFPG) en una investigación relacionada con el decomiso de 180 paquetes de cocaína.

Las 9.8 toneladas que revelaron la dimensión de la ruta

Uno de los casos que mejor muestra la complejidad de estas operaciones fue el decomiso de 9.8 toneladas de cocaína realizado en diciembre de 2024.

La logística de aquel cargamento fue diseñada a escala internacional. Un contenedor vacío salió de Guatemala, pasó por distintas terminales centroamericanas y posteriormente llegó a República Dominicana, donde sería cargado con cocaína procedente de Sudamérica.

El destino final era Bélgica, considerada una de las principales puertas de entrada de cocaína al mercado europeo.

La droga intentaba ser camuflada entre cajas de guineos, demostrando cómo las organizaciones criminales buscan aprovechar cadenas comerciales legítimas para movilizar grandes cantidades de estupefacientes.

El caso permitió reconstruir una ruta que involucraba Sudamérica, Centroamérica, República Dominicana y Europa, con varios países utilizados como puntos de tránsito.

Aunque los puertos concentran los grandes cargamentos, los aeropuertos también forman parte de la estrategia de las organizaciones criminales.

Las investigaciones realizadas en el AILA muestran que las redes buscan aprovechar los diferentes niveles de la cadena logística para sacar drogas del país.

Esto obliga a las autoridades a mantener controles simultáneos en mar, tierra, puertos y aeropuertos, debido a que el cambio de una modalidad puede trasladar el riesgo hacia otro punto de la cadena.

Una batalla de inteligencia

La magnitud del fenómeno ha obligado a República Dominicana a apoyarse cada vez más en la cooperación internacional.

El acceso de las autoridades dominicanas a información y centros de monitoreo estadounidenses sobre la actividad criminal en el Caribe ha permitido detectar movimientos sospechosos, interceptar embarcaciones y establecer conexiones entre cargamentos incautados en el país y operaciones internacionales.

Esa información también ha contribuido a detectar contenedores que salen de sus puertos de origen bajo vigilancia y posteriormente son identificados como parte de operaciones de narcotráfico.

Una ruta que cambia, pero mantiene el mismo destino

Las estadísticas de la DNCD reflejan la dimensión de la respuesta estatal: las autoridades dominicanas han decomisado más de 27 toneladas de drogas en lo que va de 2026.

Pero los decomisos también revelan la capacidad de adaptación del narcotráfico.

Las organizaciones cambian las embarcaciones, dividen cargamentos, modifican sus rutas y buscan infiltrarse en las cadenas comerciales para intentar superar los controles.

El recorrido puede variar, pero el patrón general se mantiene: la cocaína sale de Sudamérica, atraviesa el Caribe, intenta entrar por las costas dominicanas, busca ser movilizada posteriormente a través de puertos o aeropuertos y tiene entre sus principales destinos el mercado europeo.

Por eso, la batalla contra el narcotráfico en República Dominicana no se limita a interceptar una lancha en alta mar.

Sobre el autor

Joan Vargas

Joan Kennedy Vargas, periodista dominicano. Cubre la fuente de la Presidencia de la República, Policía, Fuerzas Armadas y DNCD.