El Código Penal

El Código Penal

El Código Penal

Nassef Perdomo Cordero, abogado.

A veces es difícil escapar a la sensación de que la vida social en nuestro país es una noria. Cada cierto tiempo se repiten los temas de interés, tenemos las mismas discusiones, ocurren las mismas cosas, y nada cambia a la espera de repetir el ciclo.

Lo digo porque la discusión sobre el Código Penal es un déjà vu en más de un sentido.
Las mismas prisas, los mismos argumentos, las mismas carencias.

Por mucho que se necesite un nuevo Código Penal, no es posible que se intente aprobarlo sin leer ni discutir. Es falso que la presencia de años en las cámaras de alguna iniciativa anterior suple la falta de lectura puesto que, en este caso, lo importante es discutir este proyecto y no otro.

Y para saber su contenido hay que leerlo y estudiarlo, no asumir a priori que es el mismo de antes y sanseacabó.

Un Código Penal es, posiblemente, la segunda herramienta más importante –sólo detrás del Código Procesal Penal– en la administración del monopolio del uso legítimo de la fuerza que tiene el Estado. Es, en esencia, la norma que regula las razones por las que se pueden poner en marcha los procesos penales.

De ahí que sea siempre necesario tomarse las cosas con calma y hacerlas con el debido cuidado. Si después de décadas no tenemos Código Penal reformado, eso se debe precisamente a que no se ha puesto el empeño necesario. Pero este nuevo empeño no puede confundirse con la aprobación atropellada de una pieza tan importante.

No se trata, como pretenden algunos, de las tres causales. El verdadero obstáculo a la aprobación del Código Penal es que quienes tienen la responsabilidad de aprobarlo sólo lo ven como un símbolo, y no como una herramienta necesaria en un Estado social y democrático de derecho.

Mientras eso no cambie, y el objetivo sea anotarse un virao en lugar de modernizar el sistema penal dominicano, las cosas seguirán igual.

En el mejor de los casos, tendremos un código que repetirá el ciclo de siempre, y mucho más temprano que tarde estará necesitado de importantes reformas.
Oigamos al saber popular: “Vísteme despacio, que tengo prisa”.