El caso real que Poe noveló 47 años antes

Ricardo Vega
Ricardo Vega, columnista de El Día.

La simetría entre la ficción y la realidad a veces no solo asombra, sino que perturba. El caso del maestro del terror Edgar Allan Poe y su única novela, Las aventuras de Arthur Gordon Pym (1837), es el ejemplo de cómo la literatura puede transformarse en profecía.

La coincidencia entre su obra y el posterior naufragio del velero Mignonette en 1884, más allá de la casualidad, obliga a cuestionar las fronteras entre la imaginación humana, el destino y la naturaleza ética del hombre al enfrentar la supervivencia.

Poe relata que cuatro náufragos atrapados en un bote a la deriva deciden recurrir al canibalismo, devorando a un joven grumete llamado Richard Parker.

Lo que parecía ser simplemente otra manifestación de la mente trágica del escritor se convirtió, 47 años después, en una crónica real. Cuando el yate Mignonette zozobró en el Atlántico Sur, sus cuatro sobrevivientes replicaron la escena del autor estadounidense.

Los tripulantes decidieron devorar a un grumete enfermo y desnutrido de 17 años que se encontraba agonizando. Su nombre, ¡espeluznante!, era también Richard Parker.

Los sobrevivientes del Mignonette fueron llevados a juicio, un proceso que culminó en su liberación pero que desató discusiones morales que todavía se estudian en las facultades de Derecho en Inglaterra.

¿Hasta qué punto la ley de los hombres es aplicable cuando las de la supervivencia extrema toman el control?

Poe no solo inspiró a gigantes como Melville, Verne y Lovecraft; de alguna manera misteriosa, redactó el guion de una tragedia real.

La historia de los dos Parker —el de papel y el de carne y hueso— nos recuerda que el horror no siempre es un invento de la imaginación. También la realidad actúa como un espejo oscuro que espera a que la ficción termine de narrar nuestros peores instintos.

Hay hombres que escriben con el tejido mismo del destino. Edgar Allan Poe fue uno de ellos: un habitante de las penumbras que parecía sostener un candil no para iluminar el mundo, sino para proyectar sus sombras más pavorosas.

Al publicar Las aventuras de Arthur Gordon Pym no solo engendró una joya que alimentaría la imaginación de otros autores; abrió, sin saberlo, una grieta en el tiempo.

¿Era Poe un visionario o un arquitecto involuntario de la desgracia?

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