El caos del tránsito

No hay otro país en el mundo, como República Dominicana, donde la sociedad viva tan indiferente ante el caos del tránsito, fruto de la imprudencia ciudadana, culpa tanto de los que conducen como de muchos peatones renuentes a asumir normas.

No podrá haber desarrollo en un país donde los conductores violenten tanto la luz roja, se desplacen sobre las aceras, realicen rebases temerarios y desoigan los llamados de los agentes de tránsito.

Eso no sería nada grave si, primero, se tratara de un país donde no hubiera leyes; y, segundo, si no atentara contra la vida y la integridad física tanto de los conductores como de los ciudadanos expuestos a esa fatal imprudencia.

Hace poco el presidente de la Sociedad Dominicana de Ortopedia y Traumatología planteó de manera dramática que el 65 por ciento de las emergencias, hospitalizaciones y muertes en hospitales traumatológicos son fruto de las violaciones a la ley por parte de conductores y motoristas.

No hay que ser un mago para saber qué pasa con un alto porcentaje de los pacientes que salvan la vida. Muchos se quedan paralíticos, sufren la mutilación de uno o dos miembros; y otros son condenados a guardar cama de por vida. A eso se agrega el sufrimiento y los daños colaterales a los familiares cercanos.

Un cuadro que se evitaría respetando las leyes de tránsito. Un problema que, igual que el analfabetismo, está destruyendo parte de nuestra libertad.

Esperamos que las autoridades inviertan y hagan todo lo que demande erradicar este mal cuanto antes.