El caos con el que Digesett ya no puede

  • Otra situación de calamidad que tenemos en la ciudad es el caos que provocan los talleres de mecánica y sus vehículos clientes ocupando las vías públicas.

Felipe Mora-periodista
Felipe Mora.

Desorden por doquier con el tránsito vehicular, que apunta al colapso, alta contaminación por ruido y del aire. En medio de todo esto, cada cual en sus quehaceres se acomoda como le parezca: choferes del transporte público, motociclistas, conductores, negocios, peatones… instituciones. La ciudad se torna caótica.

De norte a sur, desde más allá de Villa Mella hasta el Malecón, y de este a oeste, desde la Charles De Gaulle con autopista Las Américas hasta, Los Alcarrizos, no hay duda alguna que el Gran Santo Domingo es un inmenso desorden en lo que se refiere al tránsito vehicular. El ingrediente de los motoristas, los más numerosos en todas las rutas y desplazamientos, agrega una detonante.

Es vox populi que los agentes de la Digessett no dan abasto. Su director ha dicho es demasiada la carga para la cifra de efectivos. Más de 800 mil motocicletas para algo más de mil efectivos de Digessett en las calles de la Capital.

Motoconchistas y motoristas, lo mismo da, andan en manada, siempre desafiantes y provocadores. Lo demostraron con la muerte que dieron hace menos de dos meses al chofer de un camión compactador de basura en Santiago, y más reciente con la agresión a otro chofer de autobús escolar, entre otros tantos casos.

Como los motoristas en las vías públicas ya constituyen una calamidad y han doblado el pulso a la Digessett, una recomendación sería que el superior gobierno disponga que esa entidad reciba el auxilio de las fuerzas armadas, para hacer frente al caos generalizado en nuestras calles.

Porque, cuando se trata de calamidad pública, la Constitución establece la intervención de las fuerzas armadas en labores de colaboración con la Policía Nacional para mantener el orden público, siempre atendiendo al mandato del Presidente de la República.

No creo que este planteamiento transgreda con el respeto a los derechos humanos. En fin de cuenta, el soberano pueblo se siente irrespetado y violentados sus derechos por quienes se desplazan en vehículos de dos ruedas.

La inmensa mayoría de motoristas no respeta semáforos en rojo, y eso va para todas las intersecciones, además de que muchos de ellos transitan a alta velocidad por las aceras, en franco desafío al derecho que tienen los peatones a usar esos espacios. También, los giros bruscos que hacen frente a vehículos en marcha y su tránsito ilegal por los elevados. Es como si ellos tuvieran desprecio por su propia vida.

Si la autoridad tiene que incautar todos los motores que violan la ley, pues está en su deber hacerlo, sin contemplaciones, por más bocinas que salgan a la palestra a defender una causa perdida. Pero que no sea una incautación de horas o días. Habrá que sentar un precedente, pues solo así se escarmienta.

Y no solo los motoristas, pues camiones, patanas, furgones y otros vehículos pesados transitan por nuestras calles a velocidades de espanto, aterrorizando a otros conductores y a peatones. Nadie pone control a eso.

Otro caso a agregar es que en céntricas avenidas y en cualquier calle citadina los peatones ni siquiera tienen derecho a caminar por las aceras, pues estas son ocupadas por vehículos, mercancías, talleres de mecánica, etc.

Como si fuera poco, camiones-trompo desparraman mezcla de cemento en pendientes de avenidas, y nada pasa. Esa mezcla se endurece sobre el pavimento, para amargarles la existencia a conductores de toda clase de vehículos. Es una situación 24/7, parte consuetudinaria del día a día.

Los cúmulos de basura están presentes en infinidad de barrios y ensanches. Es como si la autoridad no existiera. Ni para eso ni para un sinnúmero de inconvenientes. Es como si buscar soluciones fuese una quimera, que es lo mismo que una ilusión o fantasía.

Las autoridades municipales no se dan por aludidos. Es como si todo estuviera en correcto orden. Nunca tanto.

Los residenciales no tienen dolientes en las instituciones de servicio, como la Caasd, el Ayuntamiento, Intrant, Digessett. Juntas de vecinos reportan casos que tienen que ver con el uso y control de calles, áreas verdes, tuberías rotas en la vía pública, altos volúmenes de ruido y nunca hay disponibilidad de auxilio.

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