El calor extremo y polvo del Sahara son una combinación que pone a prueba la salud

Es de vital importancia tomar mucha agua.
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Expertos recomiendan reforzar la protección frente al sol, mantenerse hidratado y reducir la exposición al aire libre, especialmente entre los grupos más vulnerables.

La coincidencia de altas temperaturas y concentraciones elevadas de polvo del Sahara puede convertirse en un desafío para la salud, al combinar los efectos del calor extremo con la presencia de partículas en el aire capaces de irritar los ojos, la piel y las vías respiratorias.

La dermatóloga Sónica Then Reyes advierte que la población no debe limitar la prevención al uso de protector solar. Aunque este constituye una herramienta importante, la protección debe ser integral y contemplar también la ropa, la sombra, la hidratación y la reducción de la exposición durante las horas de mayor radiación.

La doctora citó que la primera medida es proteger físicamente el cuerpo del sol y el calor. Aconseja utilizar ropa ligera, holgada y protectora, sombrero, buscar espacios de sombra y evitar, siempre que sea posible, permanecer bajo el sol durante las horas de mayor radiación.

La segunda es utilizar correctamente el protector solar. Debe ser de amplio espectro y contar con un factor de protección solar de SPF 30 o superior. Además, su aplicación debe repetirse aproximadamente cada dos horas y después de sudar intensamente o bañarse.

La tercera recomendación es controlar la exposición al polvo y cuidar la piel sin agredirla. Después de permanecer al aire libre, una ducha con agua fresca o tibia puede contribuir a retirar partículas y sudor. También es importante mantener secos los pliegues de la piel y uno de los errores más frecuentes es considerar que la aplicación de protector solar permite permanecer indefinidamente bajo el sol. La fotoprotección, sin observar cualquier irritación que persista o empeore.

El error de confiar únicamente en el protector solar

Then Reyes, quien consulta en Dermathen, destaca que uno de los errores más frecuentes es considerar que la aplicación de protector solar permite permanecer indefinidamente bajo el sol. La fotoprotección, sin embargo, requiere varias medidas simultáneas.

Aclara que también puede resultar contraproducente utilizar ropa excesivamente descubierta para intentar combatir la sensación de calor. Una vestimenta ligera, holgada y adecuada puede ofrecer una protección más efectiva frente a la radiación que mantener grandes superficies de la piel expuestas.

Es importante prevenir y evitar la insolación
Es importante prevenir y evitar la insolación.

“A esto se suma un elemento que suele pasar inadvertido: el polvo del Sahara no representa únicamente una molestia ambiental. Cuando sus concentraciones son elevadas, las partículas pueden irritar los ojos, la nariz y las vías respiratorias y, en determinadas personas, contribuir a molestias cutáneas”, apunta la especialista.

¿Qué ocurre con El Niño?

Conviene hacer una precisión: El Niño no provoca directamente las alergias asociadas al polvo del Sahara. Este fenómeno climático puede modificar los patrones de temperatura y precipitación y favorecer determinados períodos de calor, mientras que el polvo sahariano introduce partículas minerales y otros componentes atmosféricos que pueden generar irritación.

Describe que las personas con predisposición alérgica, asma, rinitis, conjuntivitis u otras enfermedades respiratorias pueden experimentar un aumento de síntomas como congestión, estornudos, tos, irritación ocular o dificultad para respirar.

En el caso de la piel, la exposición ambiental puede favorecer irritaciones o empeorar enfermedades dermatológicas previamente existentes, aunque no todo brote que aparezca durante estos episodios debe atribuirse automáticamente al polvo del Sahara.

¿Quiénes deben cuidarse más?

Sónica insiste en que los niños pequeños, adultos mayores, embarazadas, personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, pacientes con enfermedades dermatológicas y trabajadores que desarrollan sus labores al aire libre requieren especial atención.

En estos grupos deben vigilarse señales como dificultad respiratoria, mareos, debilidad extrema, dolor de cabeza intenso, vómitos, confusión o desmayo.

Además, determinadas lesiones en la piel requieren valoración médica, especialmente cuando presentan inflamación extensa, ampollas importantes, dolor intenso, hinchazón marcada, secreción, pus, fiebre o signos de infección.

Pero el peligro no siempre comienza en la piel. Una emergencia relacionada con el calor puede manifestarse mediante confusión, pérdida del conocimiento, debilidad extrema, vómitos o alteraciones del estado de conciencia, situaciones que requieren atención médica inmediata.

Trabajadores al aire libre, entre los más expuestos

Para quienes deben trabajar bajo el sol, la prevención debe asumirse como una medida de seguridad y no como un simple consejo. No es recomendable esperar a que aparezcan los síntomas para hacer una pausa.

Ropa ligera y protectora, sombrero de ala amplia, protector solar, hidratación adecuada y descansos en lugares frescos son medidas esenciales. Si además existe una concentración importante de polvo del Sahara, conviene reducir la exposición al aire libre siempre que las condiciones laborales lo permitan y seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias y ambientales.

La combinación de calor extremo y polvo sahariano exige, por tanto, una prevención más completa: proteger la piel, cuidar las vías respiratorias, mantenerse hidratado y reconocer a tiempo las señales de alarma puede marcar la diferencia entre una simple molestia y una emergencia de salud.

Qué ocurre cuando coinciden el calor extremo y el polvo del Sahara y quiénes deben cuidarse más. Esta combinación puede afectar el organismo.

Además, durante episodios de polvo del Sahara es conveniente reducir el tiempo de exposición al aire libre cuando la concentración de partículas sea elevada, especialmente las personas susceptibles.La dermatóloga Sónica Then Reyes dijo que hay que prestar atención a lesiones extensas o muy inflamadas, ampollas importantes, dolor intenso, hinchazón marcada, secreción, pus, fiebre o signos de infección. Pero también debemos recordar que una emergencia por calor no siempre comienza en la piel: confusión, desmayo, debilidad extrema, dolor de cabeza intenso, vómitos o alteración del estado de conciencia requieren atención médica inmediata.

La calve es protegerse

Primero: protegerse físicamente del sol y del calor. Ropa ligera, holgada, sombrero, sombra y evitar la exposición en las horas de mayor radiación.

Segundo: utilizar correctamente el protector solar. SPF 30 o superior, amplio espectro y reaplicación cada dos horas o después de sudar o bañarse.

Tercero: controlar la exposición al polvo y mantener la piel limpia sin agredirla. Después de estar al aire libre, una ducha con agua fresca o tibia puede ayudar a retirar partículas y sudor; además, debemos mantener secos los pliegues y prestar atención a cualquier irritación persistente.

Al hablar de los errores más frecuentes que cometen los ciudadanoscon la población del bronceador manifiesta que es pensar que si se aplica protector solar, ya está completamente protegida y puede permanecer indefinidamente bajo el sol. El protector solar es solo una parte de la fotoprotección. Otro error es utilizar ropa muy descubierta para “sentir menos calor”. Cuando estamos bajo el sol intenso, una ropa ligera, holgada y adecuada puede protegernos mejor que llevar gran parte de la piel expuesta.

Y hay otro punto importante: cuando existe polvo del Sahara, muchas personas piensan únicamente en el calor y olvidan que estamos hablando también de material particulado en el aire, que puede irritar ojos, nariz, vías respiratorias y, en algunas personas, la piel.

El fenómeno El Niño puede modificar los patrones de temperatura y precipitación y favorecer determinados períodos de calor. El polvo del Sahara, por otra parte, transporta partículas minerales y otros componentes atmosféricos que pueden irritar las vías respiratorias y los ojos, y pueden empeorar síntomas en personas susceptibles.

La doctora refiere que en quienes tienen predisposición alérgica, asma, rinitis, conjuntivitis o enfermedades respiratorias, estos episodios pueden traducirse en mayor congestión, estornudos, tos, irritación ocular o dificultad respiratoria. En la piel, la exposición ambiental puede contribuir a irritación o empeorar enfermedades preexistentes, aunque no todo brote cutáneo durante estos días debe atribuirse al polvo.

¿Cuáles grupos son más vulnerables?

La cirujana dermatóloga llama a prestar especial atención a niños pequeños, adultos mayores, personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, personas con enfermedades dermatológicas, embarazadas y quienes trabajan al aire libre.

Sostuvo que en ellos debemos vigilar síntomas como dificultad respiratoria, mareos, debilidad, dolor de cabeza, confusión, desmayo, vómitos, irritación ocular intensa o empeoramiento importante de una enfermedad previa. Agrega: “Las medidas prácticas son reducir la exposición, buscar ambientes frescos, utilizar protección solar y ropa adecuada y, cuando la calidad del aire sea desfavorable, mantener puertas y ventanas cerradas durante los períodos de mayor concentración de polvo y seguir las recomendaciones de las autoridades ambientales y sanitarias”.


Concluye diciendo que protegerse del sol y del calor no es un lujo, es parte de la seguridad laboral. No debemos esperar a sentirnos mal para hacer una pausa.

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Sobre el autor

Erika Rodríguez

Periodista, ganadora del Premio Nacional de Periodismo Turístico Epifanio Lantigua en la categoría Gastronomía y Turismo.