El bloqueo necesario

  • Desbloquearnos no consiste en negar lo que sentimos, sino en dejar de usarlo como una muralla.

Ana Blanco
Ana Blanco


Hay momentos en la vida en los que nos bloqueamos, literalmente. Nos enroscamos en una idea, en una grieta, en una decisión y, cuanto más pensamos, menos avanzamos. Este bloqueo se convierte entonces en una habitación cerrada desde dentro.

A veces nos bloqueamos para protegernos como una forma de defensa ante lo que duele, lo que asusta o lo que podría obligarnos a cambiar.

Otras veces, aferrarnos a una postura es la única manera que encontramos de sentir que todavía tenemos el control. No escuchamos, no cedemos, no buscamos alternativas, porque cualquier movimiento parece una amenaza. Sin embargo, no todos los bloqueos son negativos. Hay pausas que llegan porque algo dentro de nosotros necesita tiempo.

Detenerse puede ser necesario para comprender qué nos ocurre, reconocer un miedo, aceptar una pérdida o admitir que una forma de actuar ya no nos sirve. El problema no es bloquearse; el problema es instalarnos en la parálisis y usarlo como excusa.

Un bloqueo puede ser una señal, pero no debe convertirse en un destino. Puede darnos la oportunidad de mirar hacia dentro, siempre que después seamos capaces de mirar también hacia fuera y escuchar a quienes nos quieren, pedir ayuda, aceptar otra perspectiva o dar un paso pequeño, aunque no tengamos todas las respuestas. No siempre avanzar significa correr.

En ocasiones es entender por qué no podemos movernos, permitirnos sentir, bajar la guardia y dejar de exigirnos soluciones inmediatas. Pero también es reconocer cuándo esa pausa ha dejado de protegernos y empieza a ser un lastre.

Desbloquearnos no consiste en negar lo que sentimos, sino en dejar de usarlo como una muralla. Quizá la salida no aparezca de golpe, quizá solo sea un resquicio, pero, en ocasiones, basta un poco de luz para recordar que todavía queda mucho camino por delante.

Etiquetas

bloqueo necesario

Sobre el autor

Ana Blanco