El barrio no quiere
El barrio, definitivamente, no quiere el toque de queda, no quiere el distanciamiento social, no quiere quedarse en casa ni entiende la imposición que se le hace para inmovilizarlo limitándole su derecho al libre tránsito.
Tampoco entiende la insistencia para que aplique cada una de las recomendaciones con las cuales las autoridades nacionales, los médicos y los medios de comunicación entienden que se le puede preservar de una enfermedad que ha privado de la vida a más de mil dominicanos desde que fue detectada en el país en marzo pasado.
El barrio es el espacio humano más numeroso y sociable de cualquiera de los centros urbanos dominicanos.
Cualquiera se siente autorizado a presentarse en la casa del otro y a entrar “como Pedro por su casa”. Y contra este hábito se ha pretendido luchar con la campaña del “quédate en casa”, pero si esta exhortación ha sido efectiva en algún momento, lo fue por poco tiempo.
El domingo pasado, día de los padres y con un toque de queda efectivo desde las 5:00 de la tarde, en varios sectores populosos del Distrito Nacional y de Santo Domingo fueron registrados festejos multitudinarios que se extendieron hasta bien avanzada la noche.
Bebidas, bailes y comilonas fueron grabados y puestos a circular en redes sociales.
Alguno pudiera preguntarse, ¿y la autoridad policial, por dónde andaba? En la realidad no vivimos un Estado policial, que es aquel donde lo policial tiene un amplio control de la sociedad. La aspiración del dominicano, después de tantos años desde la caída de la dictadura, es presumir de un Estado de derechos. Sí, un Estado en el cual son de gran calado el conocimiento de los deberes y el de los derechos y sus límites.
La Policía, claro, y el gobierno, deben preservar la autoridad del Estado como una garantía contra el caos o la anarquía, pero por alguna razón, todavía desconocida, los agentes del orden limitaban el domingo sus operaciones a las vías principales de la Capital.
Tal vez no sea extemporáneo referir aquí que por conductas como estas tenemos al límite los hospitales de los grandes centros urbanos y el sistema sanitario al borde de la crisis.
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