El arrabal del tránsito
La ciudad, sus calles y aceras, las carreteras, los caminos, las vecindades, y sobre todo los vehículos de motor y de tracción animal presentan un espectáculo cada vez más deprimente, hostil y desconcertante. Reinan los arrabales, el caos y la desidia.
Transitan carros, minibuses y autobuses cada vez más destartalados; carentes de luces de freno y de faroles delanteros que sirvan; increíbles carrocerías podridas. Toda una bomba rodante, en constante amenaza al ciudadano osado por obligación a circular por las calles y carreteras.
Motoconchos, deliverys, mensajeros; todo un conjunto de desaprensivos, que sin el más mínimo sentido de autoprotección, carentes de identificación vehicular, y en muchos de los casos, sin la debida licencia, y menos al día, convertidos en kamikaze, que rebasan por la derecha, entre peatones y vehículos, con especialización en tomar las calles de una sola vía al revés.
Calles sin señalización, donde vehículos se parquean de ambos lados, arriba de las aceras y hasta en paralelo, reduciendo sus capacidades a la circulación de largas filas de un solo vehículo. ¡Pobre del peatón que se ve obligado a salir a caminar: sin derecho alguno!
Conductores sin el más mínimo conocimiento de las leyes de tránsito, y menos aún, de civismo, urbanidad o educación vial. Terroristas dispuestos a ganarse lo suyo como sea, dispuestos a estrallarse por avanzar un metro, y de darle un balazo si no respeta su voluntad.
Pasajeros lanzados al medio de la calle, que se montan por la vía del rebase, cruzan calles por donde más les plazca, olvidando para qué son las esquinas. Y sobre todo, agentes de tránsito más interesados en atrapar para multar, que ordenar el tráfico y proteger al ciudadano. ¿Autoridades, educadores, políticos, ciudadanos: hasta dónde vamos a dejar que llegue este arrabal de tránsito?