En República Dominicana, vivir en un apartamento se ha convertido en una de las principales alternativas para tener un techo propio. Y no es difícil entender por qué. Comprar un solar resulta cada vez más costoso y construir una casa desde cero exige un dinero que muchas familias de ingresos medios no tienen. El apartamento ofrece una solución práctica: se compra terminado, se ocupa de inmediato y se paga poco a poco.
Hasta ahí, todo bien. Pero, como diría el periodista deportivo Bienvenido Carmona, “aquí viene el bendito pero”. ¿Qué ocurre cuando ya no podemos subir las escaleras? Mientras somos jóvenes y saludables, vivir en un segundo, tercer o cuarto piso no representa mayor dificultad. Subimos y bajamos varias veces al día sin siquiera pensarlo. El problema aparece cuando llega una enfermedad, un accidente, una discapacidad o, sencillamente, los años.
Hace poco me tocó presenciar una situación que me hizo pensar seriamente en esto. En el edificio donde vivo, una persona enferma, que se movilizaba en silla de ruedas, sufrió una complicación de salud y fue necesario llamar al 911.
La salida del edificio fue una verdadera odisea. Sacar a aquella persona por las escaleras resultó angustiante y peligroso.
Entonces surgió una pregunta inevitable: ¿qué pasará con nosotros cuando nuestro propio cuerpo nos impida llegar a nuestra casa?
No se trata de decir que el comprador sabía que el edificio no tenía ascensor. Claro que lo sabía. El problema es que nadie compra una vivienda pensando que algún día podría quedar atrapado dentro de ella.
Una persona puede comprar su apartamento a los 30 años, pagarlo durante décadas y llegar a la vejez siendo propietaria de un bien al que ya no puede acceder por sus propios medios.
Eso debería preocuparnos. En España, donde el envejecimiento poblacional es una realidad, la accesibilidad de los edificios ya forma parte de las discusiones y se buscan alternativas como la instalación de ascensores y la adaptación de viviendas.
República Dominicana todavía está a tiempo de anticiparse. Estamos construyendo apartamentos para las familias de hoy, pero debemos comenzar a construirlos también pensando en las personas que esas familias serán mañana. Porque un ascensor puede parecer un lujo cuando tenemos 30 años, pero convertirse en una necesidad cuando tengamos 70.
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