El año que fue

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Nassef Perdomo Cordero

Como siempre, al final de año nos sentimos tentados a evaluar los logros alcanzados y los retos que no pudimos superar.

Estimar en esta forma los últimos doce meses tiene su utilidad: nos permite darnos cuenta qué hemos hecho bien y por qué algunas (o muchas) cosas no salieron como esperábamos.

Pero tiene también un punto ciego, porque en el fondo no es más que un juego de expectativas. Viviendo en una sociedad compleja, es poco lo que se puede lograr o dejar de lograr sin que en ello intervengan otros.

Sin abandonar esta perspectiva, sería bueno que asumamos otra también: la de evaluar el año que fue, al margen de nuestros esfuerzos, virtudes y defectos personales. Después de todo, aunque no nos gusta admitirlo, la mayor parte de las cosas que ocurren en nuestra sociedad escapan a nuestro control.

Sin embargo, las tendencias que marcan los hechos de terceros son determinantes en el ámbito público, e incluso en el ámbito personal.

No es posible hacer un análisis exhaustivo sobre 2019 en pocas palabras, pero sí podemos darnos cuenta de que en este año la sociedad dominicana demostró su interés en mantener la estabilidad política que la ha caracterizado en las últimas décadas. Mientras que otros países de América Latina vieron tambalearse su sistema democrático, los dominicanos demostramos que hemos superado nuestra larga tradición de seguirle los pasos a los políticos que prefieren ver todo derribarse antes que aceptar un resultado adverso.

Esto quiere decir que, por mucho que superficialmente no hayamos cambiado, en realidad los dominicanos estamos cada día más lejos de esa imagen caótica que tenemos de nosotros mismos.

Asumimos nuestros procesos sociales y políticos con ecuanimidad, sin grandes sobresaltos, aunque la discusión sea acalorada. Nos seguirán siempre esperando grandes retos comunes, pero como dice el dicho, la actitud es la mitad del pleito. Lo estamos ganando.

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