El 4%, ¿para qué?

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Inicialmente fui de los escépticos cuando comenzó la campaña por el 4% del PIB para la educación.

Veía mucha publicidad, pero no percibía que se nos justificara en qué se iban a usar esos dineros adicionales.

La persistencia de los promotores del 4% ha permitido entender mejor el porqué del reclamo. A nuestra posición se han unido voces como la del nuevo rector del Intec, Rolando Reyes, quien en su discurso de toma de posesión sintetizó la cruda realidad de una educación: desfasada en contenido, forma y propósitos.

También el educador Radhamés Mejía, con irrefutables cifras, desenmascara el gasto público y las enormes posibilidades de incrementar el apoyo presupuestal a la educación sin nuevos impuestos o tributos.

Basta con ver al estudiante con 18 años en la universidad pública.

¿Cuál debe ser el mas avergonzado: el que permanece tantos años sin poder graduarse, o la academia que derrama sus recursos en casos de estudiantes como este? Como ya he escrito en otras ocasiones, no hacía falta el estudio del francés Attali, o de la Universidad de Harvard, para que nos dijera que nuestra educación es deficiente e incorrecta.

Alfabetizarnos ya no es suficiente; la prioridad hoy es ser competitivos en ciencias, matemáticas, lógica y educación cívica. Tenemos que prepararnos para triunfar y progresar en el siglo XXI en lugar de perecer.

Los candidatos, políticos y legisladores tienen el futuro de la nación dominicana en sus manos, y ese futuro pueden hacerlo posible sobre un acuerdo nacional que se base en tres pilares: una educación incluyente, competitiva y exigente; un déficit fiscal disminuido; un régimen de ley y orden basado en una judicatura recta y una fuerza disuasiva incorruptible.

El 4% se necesita para educarnos de verdad, para poder entender que tenemos que exigir estas prioridades.

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