Ni en 1968, el año grande de Bob Gibson (22-9, 1.12), habíamos visto un inicio tan espectacular para los lanzadores, principalmente en el promedio de carreras limpias por cada nueve innings (efectividad).
Ese numerito que se obtiene multiplicando las carreras limpias por nueve y dividiendo por las entradas lanzadas es el principal parámetro, no el único, para medir la eficiencia de un lanzador abridor.
Se sabe que eso tomará una tendencia hacia la normalidad, pero es sorprendente lo que ha pasado en el primer mes: Mike Pelfrey (0.69), Liván Hernández (0.75), Roy Halladay (0.82), Brad Penny (0.94), Carlos Silva (0.95), Ubaldo Jiménez (0.95), Tim Lincecum (1.00), Barry Zito (1.32), Jaime García (1.42), Adam Wainwright (1.69), Jonathan Sánchez (1.86). Otros ocho por debajo de las tres carreras permitidas.
En la Americana, donde se sabe que se batea más: Andy Pettitte (1.29), Francisco Liriano (1.29), C.J. Wilson (1.37) John Danks (1.55), Doug Fister (1.67), Ricky Romero (1.80), Justin Duchscherer (1.82). Diez más por debajo de tres.
¿Habrán subido a la lomita sin avisar? ¿Esteroides? ¿Baja en la ofensiva? ¿O pura chepa?…