Educación de calidad
Hace quince días escribí un artículo aquí en EL DÍA sobre WikiLeaks y usé el término develar en su acepción de poner de manifiesto lo que estaba oculto, pero me lo cambiaron por desvelar que en su primera acepción es quitar, impedir el sueño, no dejar dormir.
No niego mi incomodidad con el corrector de mi artículo que sembró la duda en mis lectores sobre la precisión del concepto que empleaba.
Me valgo de este ejemplo para llamar la atención sobre el problema de la educación de calidad. Puede resultar para algunos una cuestión intrascendente que frente una vasta mayoría que es educada en el semianalfabetismo por nuestro sistema público de educación demande una formación académica de calidad.
Lo opuesto a una enseñanza gestora de semianalfabetismo no es una formación precaria, si no una educación de calidad, lo cual no logra siquiera la mayor parte de los colegios caros, ni los colegios bilingües.
El reciente debate sobre el costo de la educación privada no pone el dedo en la llaga. La cuestión no es el sector donde se encuentra el colegio, ni el número de estudiantes por salón, ni la calidad de los baños o si celebran Holloween. Muchos padres clase media ingenuamente pagan fortunas anuales a colegios que su único mérito es lucir como si fuera una escuela pública gringa.
Para develar -vuelvo a usar el término- la auténtica calidad de la educación necesitamos una prueba diagnóstica que sea impartida por una organización acreditadora independiente del Estado. Eso no lo hacen las pruebas nacionales.
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