Economía avícola
La economía dominicana, como sucede con los países del tercer mundo, se sostiene por múltiples vías, y quizá por eso todos los sectores conjugados juegan un papel de primer orden a la hora de mantener un mercado en equilibrio.
En otras palabras, como no tenemos una economía blindada, contrario a lo que se quiso vender en el pasado reciente -y hay indicios y situaciones vividas que así lo demuestran- las autoridades del área deben actuar con cautela ante cualquier indicio de perturbación.
Eso como preámbulo para tomar en cuenta que no estamos en el mejor momento para dar como un hecho irrefutable, sin pruebas ciertas y certificadas al más alto nivel, la presencia de salmonella en las granjas avícolas del país.
Si bien es cierto que en Estados Unidos se han retirado del mercado cerca de 500 millones de huevos a causa de un brote de salmonella, eso nos pone en alerta, pero no podemos actuar sin un plan, sin mecanismos de confirmación, sin la rectoría de una institución oficial, o el colectivo de varias, que se hagan cargo de levantar informaciones que ofrezcan certidumbre.
La carne de pollo, así como el huevo, forma parte de la canasta familiar; hay cientos de miles de empleados que viven de la economía avícola; y, sobre todo, cientos de miles de hogares que se alimentan a diario con este rubro. En tal sentido, y en beneficio de la tranquilidad y el sosiego del pueblo dominicano, es recomendable que en este caso se actúe con responsabilidad y rapidez.