Solamente fueron necesarios tres minutos para que Kevin Durant fuera de gritar furiosamente a reír de manera histérica.
Cuando restaban 3:15, a Durant le marcaron una carga dudosa mientras el Oklahoma City Thunder estaba abajo en el marcador ante los Portland Trail Blazers 93-90.
Él se dirigió hacia un costado, gritó una palabra impublicable, azotó su mano contra la mesa de los anotadores, y recibió una falta técnica. Luego de eso: 11 puntos, acertando 4 de 4, incluyendo tres triples letales que cayeron uno detrás del otro, para sentenciar a los Blazers 105-97.
“Por la forma en cómo estaba jugando, él fácilmente pudo haberle anotado a Jesucristo”, dijo el base de los Blazers, Mo Williams. Lo cierto es que Durant ha demostrado que es la mayor fuerza ofensiva de la NBA.