Durable y sostenible
Desde hace unos años Sostenible ha sido el apellido que se le ha dado a los hijos legítimos del desarrollo. Desarrollo sostenible, turismo sostenible, minería sostenible, etc.
En el caso de la minería o la industria extractiva es difícil hoy día hablar de ella sin mencionar el tema de sostenibilidad. No hay un foro en cualquier parte del mundo en donde se trate el tema de ese sector tan importante en la vida del ser humano en el que sostenibilidad no forme parte del nombre.
Ahora bien, no debemos confundirnos. Muchas veces nos referimos a sostenibilidad y sucede que estamos hablando de cosas distintas.
Sostenibilidad implica algo más que lo durable y no se circunscribe solo a temas ambientales, incluyendo la preservación del agua.
El abanico es más amplio. La sostenibilidad es un conjunto de buenas prácticas que dan solidez y sentido de permanencia a las empresas e instituciones, con resultados que se reflejan positivamente en el entorno social y económico.
Implica construir raíces sólidas para garantizar la calidad de vida de la gente, su futuro, su hábitat.
Lo positivo es que aquello que empezó como un discurso se ha convertido en un movimiento a nivel mundial que ha impactado tanto la industria extractiva como la que produce la tecnología para esta actividad. Ambas han tenido que cambiar de mentalidad y de método.
La gran carrera entre los productores de equipos y maquinarias para la minería está basada en quién avanza más en materia tecnológica e innovación para garantizar la sostenibilidad de las empresas.
Hasta para los accionistas la sostenibilidad se ha convertido en algo esencial, fundamental, para mantener o hacer sus inversiones. En síntesis, hay un cambio de la conciencia mundial en lo que respecta a la industria extractiva.
Ahora bien, todavía falta mucho por hacer. La idea de la sostenibilidad tiene que formar parte de la genética de quienes estamos en estas actividades.
Me refiero tanto a la industria extractiva como a los organismos que están a cargo de la regulación y la aplicación de las normas, e ir más allá.
No podemos conformarnos con hablar solamente de conceptos, ni de teoría hueca sobre la sostenibilidad, sino que debemos entrar en los cómos: cómo debemos hacer las cosas, qué cosas debemos analizar, qué cosas tienen que penetrar en la formación de los geólogos y de los técnicos que participan en la actividad, pero también en los que manejan la parte administrativa.
Pero hay un subproducto que también tenemos que evaluar: cómo estas cosas ayudarán a crear en la población, en las comunidades, una visión distinta de la que nos ha dejado la historia de la minería en la República Dominicana. Hay que querer y estar dispuesto a hacer las cosas distintas.
Solamente podremos mejorar los resultados si cambiamos las prácticas, si desaprendemos despojándonos de viejos esquemas, de modelos agotados que ya no dan buenos frutos.
Estamos compelidos a desarrollar una minería que produzca riquezas con impacto positivo en términos sociales y ambientales.
Es hora de tomar una nueva ruta hacia una gestión minera en la que los actores (regulados y reguladores) asuman en todas sus partes esquemas como la Iniciativa para la Transparencia de la Industria Extractiva (EITI), en el que, por cierto, avanzamos.
No queda otra opción que no sea cambiar para bien.
Minería y ambiente; minería y transparencia; minería y bienestar social y económico no tienen que ser categorías disociadas, sino hermanos siameses del progreso.
*Por Antonio Isa Conde