Duelo nacional
Cayo Levantado, de Samaná, y la bahía de San Lorenzo, en Sabana de la Mar, se convirtieron, la semana pasada, en el cementerio marino para 56 dominicanos, luego de que una yola naufragara con más de 70 personas.
No se trata de establecer culpables o cuestionar las razones que impulsan a que tantos dominicanos se aventuren a cruzar las 60 millas náuticas entre Puerto Rico y la República Dominicana, a bordo de una embarcación rústica e inadecuada, poniendo en peligro sus vidas y la estabilidad emocional de sus familiares.
En este momento los colectivos sociales, el pueblo y todos los dominicanos de buena voluntad deben ponerse a la altura de las circunstancias. Independientemente de que una autoridad no haya mostrado mayor interés y sensibilidad ante el hecho, valen las manifestaciones en la zona de la tragedia, donde todavía están consternados.
Los familiares de los fallecidos lamentan las pérdidas. Son parientes que tenían un sueño. Independientemente de los medios que tomaron para realizarlo, independientemente de que haya otras formas más seguras y recomendables para realizar los más anhelados sueños.
La vida es el tesoro más preciado. Lamentamos la tragedia ocurrida y nos unimos al dolor colectivo, que más que un concierto de tristeza, pesar, impotencia y frustración humana, se trata de un impresionante episodio luctuoso que tiene carácter de duelo nacional.
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