Duarte: "un mal ejemplo"

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La figura, el pensamiento y, sobre todo, la obra de Duarte, han sido desde siempre un gran dolor de cabeza para los sectores conservadores del país y para los imperialistas de cualquier época y sus lacayos.

Ese muchacho de clase media, con menos de 25 años de edad, no tenía como objetivo un Black- Berry, ni unos tenis Nike, ni un ipad, un pase de cocaína, una yipeta o un yate de lujo para echarle vainas a otro; tampoco optó por vivir tranquilo atendiendo el negocio de la familia, su aspiración máxima era liberar a su país de la dominación haitiana. Ese soñador, que con visión más allá de su tiempo planteaba que la nueva República Dominicana debía ser libre, soberana e independiente de toda potencia extranjera, era y sigue siendo un "mal ejemplo", un tipo "peligroso" al que hay que eliminar, como a Caamaño, Fernández Domínguez, Manolo, Amín o Amaury.

Por eso tanto esfuerzo por mantenerlo en el ostracismo, como hicieron traidores como los Bobadilla, Báez y los Santana, que primero lo obligaron a exiliarse y luego lo declararon traidor a la patria. Ese fue el primer paso de la reacción.

Pero con el correr del tiempo, los sectores conservadores vieron que el tipo no era fácil de eliminar, ni siquiera después de muerto. Y tal como hicieron los romanos con Jesucristo cuando vieron que ni siquiera crucificándolo era posible vencerlo, la clase dominante "asumió" a Duarte, pero adulterando, idealizándolo, para hacerlo "inalcanzable" para la juventud, como de forma inteligente, pero aviesa, hizo Balaguer en "El Cristo de la Libertad", en el que pinta, no a un joven valiente y vigoroso, dispuesto a dar su vida en el campo de batalla en pro de una Patria Libre, sino a un ser "tan sublime y perfecto" que no puede ser imitado por los muchachos del Feflas, Juventud Caribe, La Multitud, Patria para Todos, Toy Jarto o la Red Nacional de Acción Juvenil.

Ese fue el segundo paso: hacerlo inalcanzable, lejano, demasiado bueno para ser verdad.

Pero el Juan Pablo ese era un tipo obstinado. Un hombre decidido a luchar hasta el final. Un verdadero revolucionario, un auténtico patriota. Un hombre necesario.

Entonces, vinieron unos pseudo nacionalistas y hasta le cambiaron la fecha de nacimiento.

Y no me estoy refiriendo a la estupidez de algún empleado del Senado, puesto que es impensable que fuera Reinaldo quien cometiera el error de "conmemorar el fallecimiento" de Duarte el 26 de enero. No, yo hablo de la infeliz -aunque no inocente- iniciativa de cambiar el día festivo, de tal modo que vino a ser más importante la continuidad de la producción que la celebración del nacimiento del más grande de los dominicanos.

Pienso que eso es parte de una estrategia para ir borrando la memoria histórica del pueblo dominicano. ¿Por qué habría de suponer yo ingenuidad al abanderado de esta iniciativa, si se trata de un dirigente político que se precia de ser más nacionalista que los demás? Ese es el tercer paso para intentar eliminar a un hombre invencible.

Sin embargo, Duarte sigue siendo un faro de luz que aún en estos tiempos en que predominan la falta de valores, el egocentrismo y la falta de principios; donde para la mayoría lo importante es tener fortuna, sin importar lo que haya que hacer para obtenerla.

Por difíciles que puedan ser los tiempos, siempre es posible rescatar los valores y encauzar la Patria por el camino correcto, pero para ello preciso seguir el ejemplo de Duarte y sus compañeros, que sin duda vivieron en un tiempo más difícil que el actual y sin embargo no vacilaron y lucharon hasta lograr el objetivo de ver una Patria libre.

Cambiar el rumbo del país, no solo es posible, sino que es necesario e impostergable, de lo contrario terminará por hundirse la isla.

Nunca había sido tan necesario como hoy el “mal ejemplo” de Duarte y los trinitarios, hoy que hombres “sin juicio y sin corazón atentan contra la salud de la Patria”, porque solo piensan en sus mezquinos intereses.

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