DSK visto desde un bar
En compañía de amenos amigos y amigas, la tarde me acogió en una de esas terrazas citadinas tan en boga, por donde desfilan ministros despistados, burócratas retirados, cabilderos, snobistas, viejevos, espías, lambones y, en fin, un universo de sujetos heterogéneos que hacen al mundo menos aburrido.
El caso de Dominique Strauss-Kahn, y su incomprendido exceso de líbido a los 62, nos arrebató el tiempo entre limonada, cerveza, whisky, vino tinto y cigarrillos que, de repente, trajeron a mi memoria El humo de los rostros, un atrevido poema a tres voces de Ramón Tejera Rosas, Pedro Conde y Radhamés Reyes Vásquez.
Y es que la vida es humo.
Que a DSK le tendieron una trampa política y que el suceso estaba en twitter apenas 14 minutos después de la detención.
Que la felación forzada a menos que el frío cañón de una pistola esté en la nuca- parece un acto difícil de consumar. Que Francia podría reivindicarlo. Que el FMI sacará un código de conducta para sus funcionarios.
Que la imagen del director-gerente es irrecuperable, aunque bajen los ángeles con una estrategia de comunicación.
En fin, discurrimos en un mar de cavilaciones en el que no faltó la extrapolación cultural, hasta concluir en que si hubiese sido aquí, DSK se habría librado de su tribulación a un bajo costo.
Primero, porque nadie lo publicaría aunque el tema se regara como pólvora en los mentideros- y, segundo, porque somos expertos en acuerdos extrajudiciales o el borrón y cuenta nueva.
Vimos el anverso y el reverso de una historia conmovedora que retrata la fragilidad humana, en una vida compuesta por una cadena de instantes en los que no somos los mismos.
Yo no sé qué seré mañana.
Como buenos dominicanos sin importar el arcoiris genético – siempre buscamos el lado ventajoso: ¿Por qué no violar el acuerdo standby, que nos lleva la cabeza partida en dos, alegando que en el FMI también hay violadores? Así estamos a mano.