Drogas y juventud

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Corriendo los años 80’s, mister Ronald Reagan, quien era un actor profesional, apareció en la televisión nacional norteamericana con una bolsita de cocaína en sus manos indicando que había sido comprada en los alrededores de la Casa Blanca. Lo hizo dramáticamente para demostrar la enorme peligrosidad del fenómeno del narcotráfico que afectaba, incluso, la manoseada “seguridad nacional” de los Estados Unidos, dándole así el empuje y un carácter armado a la “Guerra Contra las Drogas” iniciada en 1972 por Richard Nixon. (Poco después vendería cocaína para financiar la Contra Nicaragüense)

Más de dos décadas después, cuando ha caído mucha agua desde entonces y sin la droga en la mano, el presidente de nuestro país, que también actúa muy bien, declara una “guerra frontal” contra el micro-tráfico, en alusión al combate y eliminación de unos supuestos 19,000 puntos de drogas “ilegales” que existen en la República Dominicana.

No parece conocer el Sr. Fernández la historia de la supuesta Guerra contra las Drogas, desarrollada por casi cuatro décadas por el Gobierno Norteamericano y que lo único que ha logrado es aumentar la cantidad de usuarios y adictos, de presos y de muertos. Cientos de miles de millones de dólares se han ido por el retrete (30 mil por año sólo en Estados Unidos) en una guerra falsa y perdida. ¡Ah! se me olvido contar como se han beneficiado los narcotraficantes que se han enriquecido significativamente después del inicio de esta guerra.

Ni una sola persona del mundo sería capaz de afirmar hoy que el fenómeno del narcotráfico y consumo de las llamadas drogas ilegales ha disminuido desde que se ha arreciado la persecución que ha convertido a nuestras ciudades en verdaderos campos de batalla.

Es cierto que se han producido cambios desde entonces. Los fenómenos asociados a la globalización, la adopción de costumbres foráneas y los cambios en las rutas de comercialización de las drogas, han convertido a la República Dominicana, no sólo en un puente expreso para el paso de la cocaína, las anfetaminas, la marihuana y la heroína sobre todo, si no que ha proliferado a la par un pequeño mercado criollo con consumidores cautivos de todas las clases sociales (pero sobretodo de la pequeña burguesía y sectores de altos ingresos).

Es una especie de “boroneo” que deja caer una parte (quizás ínfima) de la droga que va de tránsito para que una parte de los intermediaros puedan ganarse el sustento y desarrollar su mercado y sus redes de protección. Están creando el mercado local de estupefacientes como segunda opción al verdadero mercado que es el de los Estados Unidos y Europa.

En la última década, el consumo de marihuana y en rango menor la cocaína, se han popularizado en el país. Las anfetaminas, como el éxtasis, tienen también un público aunque más reducido. La cocaína sólo es accesible para los sectores de altos ingresos no tan jóvenes, sobre todo profesionales, empresarios, políticos, militares y artistas.

Me atrevería a afirmar que entre los jóvenes de las universidades privadas, son pocas las excepciones de quienes no hayan consumido al menos marihuana alguna vez en su vida.

Hace dos días, por ejemplo, oficiales de policía, cumpliendo con la misión de guerra del presidente, apresaron a un popular rapero, El Lápiz, y a algunos de sus colaboradores por posesión de pequeñas cantidades de marihuana, utilizada evidentemente para consumo personal. Increíblemente, el mismo cantante que sirvió de voz para la campaña presidencial, y que fue usado como atractivo político para la juventud, caía ahora en desgracia en la misma “guerra” lanzada por el Presidente.

Podremos tener quizás un uso creciente e irresponsable de las llamadas drogas ilegales en el país, como también tenemos un grave problema de abuso de las drogas legales (alcohol y tabaco sobretodo) pero, el enfoque y la forma de enfrentar este problema, ha estado severamente equivocada.

Enfrentar el uso irresponsable de drogas, sean ilegales o no, pasa sobre todo por el conocimiento y la conciencia. La gente debe conocer la historia de la marihuana, los posibles efectos de la cocaína, los daños provocados por el uso abusivo de la heroína, etc., para poder tomar decisiones correctas.

Difundiendo mitos, miedos y persiguiendo, es muy poco lo que se logrará, a menos que lo que se quiera es promover su consumo clandestino.

Si existiese la intención de enfrentar el problema con seriedad, habría que partir de la premisa de que las “drogas”, como sustancias que alteran el sistema nervioso central del ser humano sean legales o no, han estado y estarán presentes en toda la historia de la humanidad. Han acompañado al ser humano, desde su origen, y presumiblemente lo acompañaran hasta su extinción.

Como ninguna sustancia es mala en sí misma, malo es su uso abusivo. Su milenario origen está vinculado a la religión (como vía de comunicación con los dioses) y a la medicina (por eso la palabra droguería o drugstore en ingles sirve todavía para denominar una farmacia), y finalmente, se ha popularizado su uso recreativo (el cual ha tenido también un impacto importante en el proceso de socialización desde antes de los tiempos de Jesús, que convirtió el agua en vino).

El problema fundamental con las llamadas drogas ilegales está asociado a su uso irresponsable y abusivo, que puede provocar daños a la salud biológica y psicológica de sus usuarios; pero también, se contabilizan los graves daños sociales vinculados al narcotráfico como son la violencia, el enriquecimiento desproporcionado, la criminalidad, la influencia en la política, etc.

El primer problema, el del uso abusivo, sólo es posible combatirlo con información y concienciación de los usuarios y del público en general; superando los mitos y las mentiras y permitiendo que fluya libremente la información; que se desarrollen investigaciones científicas y promoviendo el uso medicinal y responsable de estas sustancias.

El segundo problema, el del narcotráfico y sus consecuencias, sólo es posible combatirlo acabando paulatinamente con esta fracasada guerra contra las drogas, que sólo ha logrado con la persecución, que se eleven exorbitantemente los precios de los estupefacientes, lo que ha enriquecido y fortalecido los cárteles de forma impresionante. Esta persecución, amparada en leyes absurdas, ha sido y es contraproducente y lo único que ha conseguido es inundar las cárceles de pequeños traficantes y usuarios, mientras los grandes capos, los que manejan el negocio, se involucran en la política y se escudan en las sotanas.

No señor, no; otra vez el problema no está en las sábanas. La información y la prevención son la única arma que tenemos para ganar la guerra, que no es la guerra contra las drogas, es la guerra contra la avaricia humana que se sustenta en el miedo y la ignorancia.