Dos víctimas de un terremoto
La comunidad internacional probablemente nunca lo vea así, pero el terremoto del 12 de enero de 2010 dejó dos grandes víctimas, una que sangró profusamente de inmediato y la otra que se ha ido debilitando poco a poco.
Haití sufrió de inmediato la crudeza de una tragedia que pareciera se congeló en el tiempo.
Hoy, al igual que cuando se produjo el seísmo, las calles de Puerto Príncipe lucen repletas de escombros, casas destruidas y cientos de miles de personas sin hogar.
Si alguna diferencia fundamental se puede establecer luego de doce meses es que ya no hay lágrimas de desconcierto ni miradas perdidas porque las víctimas parecen acostumbradas a la falta de solidaridad de aquellos países ricos que se han pasado la vida prometiendo una ayuda que no termina de llegar.
La tragedia del 12 de enero puso de manifiesto, una vez más, la hipocresía de los autodenominados Amigos de Haití.
La otra víctima ha sido la propia República Dominicana, uno de los muy pocos países que pueden exhibir asistencia puntual en Haití luego del terremoto.
Muchos hospitales dominicanos agotaron su presupuesto del año en los primeros meses dando asistencia a víctimas haitianas, mientras el rico estado de La Florida se despachaba con su intención de no seguir dando asistencia hasta que no apareciera quien cubriera los gastos de las víctimas. Sólo la indignación mundial revirtió ese despropósito.
En adición, República Dominicana ha tenido que cargar con un exagerado éxodo de haitianos que han abandonado su tierra en busca de sobrevivir.
Las calles dominicanas se han llenado de pedigüeños y vendedores ambulantes, fenómeno que está convirtiendo a las grandes urbes en un solo arrabal.
Amnistía Internacional tiene que hacerse un profundo análisis de conciencia antes de emitir opiniones desfavorables sobre el accionar dominicano cuando devuelve a extranjeros que en estas semanas entran de manera ilegal a nuestro territorio.
Haití necesita que las naciones desarrolladas y las organizaciones internacionales le ayuden de verdad a recuperarse y que se dejen de promesas y discursos.