¿Dónde está la seguridad ciudadana?
La inusual violencia esta semana pasada me obliga a desviar mis escritos de lo económico nacional e internacional y retomar lo social, en consideración de lo que las encuestas ratifican como una de las tres preocupaciones principales de los ciudadanos: la seguridad ciudadana.
Hace menos de una semana fui objeto de un inusual detenimiento en la carretera que viene desde Puerta de Hierro, en las afueras de Santo Domingo, hacia Arroyo Hondo. Cuando la patrulla policial actuante tomó nota de mi firmeza y condiciones particulares, me manifestó que la orden de párese a la derecha era solo para saludarme y saber que me encuentro en buena salud.
El miércoles venia en mi vehículo, que no tiene vidrios oscurecidos de negro, en la avenida Abraham Lincoln, frente al comando electoral del senador Pared Pérez, a las 5:20 p. m., cuando otra patrulla me mandó a detener. Frente a mi interrogante de por qué semejante tontería, me contestó: para saludarle comando.
La profesora, la prestamista, el custodio de Castillo, el hermano de Laurencio, menores que son sicarios, el periodista de La Romana, feminicidios, asaltos: ¿hasta donde?
¿Es esta la seguridad ciudadana que demanda la población y que tanto pregonan funcionarios civiles y policiales? ¿Cómo pueden combatir tanto crimen y robo, si una porción tan grande de sus alistados y oficiales son vigilantes, choferes, asistentes y ayudantes de civiles o militares, en vez de ser agentes de patrulla o prevención?
¿De dónde va a salir la seguridad si los pocos agentes disponibles se colocan en avenidas de adornos, prestos al posible picoteo, tal cual vallas publicitarias humanas, en vez de estar en los barrios y zonas calientes, calles secundarias y aledañas, cuidando al ciudadano y sus bienes?
Esto es como el caso del único radar en carreteras que he visto en años recientes: en la Autovía del Nordeste, precisamente la carretera más segura del país.
El aparato de seguridad pública del Estado, que abra los ojos, incluyendo a nuestro Jefe de Estado, para que con la seguridad ciudadana no le quieran pasar la bola, como casi sucede con el tema del gas y los vehículos. Su visión y rectitud son indispensables si ha de haber alguna mejoría en la escasa seguridad ciudadana.