Dominicanos de origen haitiano
Ser dominicano no es una raza, ni un origen, ni siquiera una religión o lengua. Ejemplos sobran.
Ser dominicano se reduce al amor que tenemos por el bienestar del pueblo que se define como tal, la preservación de su territorio y recursos que son la expresión material de nuestra soberanía, la profundización de la democracia y respeto a sus derechos, y las expresiones culturales múltiples y cambiantes que nos definen.
Negarle la nacionalidad legal a dominicanos de origen haitiano es una aberración y un crimen. El primero que militaría contra esa política de exclusión sería Juan Pablo Duarte, quien fue haitiano durante gran parte de su juventud y edad adulta, y admiraba mucho al pueblo haitiano. Juan Bosch aborrecía toda expresión de antihaitianismo, basta leer su carta del 14 de junio de 1943.
La situación actual de la discriminación contra centenares de miles de dominicanos de origen haitiano bajo un gobierno del PLD que controla todos los poderes le resultaría repugnante a Bosch. El PRD en su momento hizo lo mismo, escupiendo la memoria de Peña Gómez.
Sonia Pierre es tan dominicana como Juan Pablo Duarte, como Juan Bosch, como José Francisco Peña Gómez, Mu-Kien Sang Ben o un servidor. Sus virtudes y defectos no la hacen menos o más dominicana. ¡Da vergüenza la campaña en su contra! ¡Asquea escuchar tantas estupideces!
Es hora de parar la propaganda antihaitiana, tan semejante al antisemitismo Nazi. ¿Buscarán sus promotores otra matanza como la de 1937? ¡Basta ya! Los buenos dominicanos, que son la inmensa mayoría, no podemos seguir permitiendo esta situación.