La creciente desigualdad social que se aprecia cuando asistimos a hospitales, escuelas y colegios públicos o privados, cuando recorremos las diferentes provincias y municipios del país y los comparamos con los grandes centros urbanos de Santo Domingo y Santiago, o cuando observamos el acceso diferenciado a espectáculos, restaurantes, viviendas, transporte y otros bienes y servicios, constituye una realidad que merece mayor atención.
La desigualdad no significa necesariamente que una sociedad sea pobre. Una economía puede crecer con rapidez y, simultáneamente, distribuir de manera desigual los beneficios de ese crecimiento. Precisamente, uno de los grandes desafíos de la República Dominicana consiste en lograr que la expansión de la producción, del empleo y del ingreso se traduzca en mejores condiciones de vida para una proporción cada vez mayor de la población.
La teoría económica y una extensa literatura internacional sostienen que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) debe estar acompañado por una ampliación de las oportunidades. Esto supone invertir de manera sostenida en educación primaria, secundaria y superior; salud pública; transporte colectivo; vivienda; infraestructura; seguridad social y servicios básicos. También implica generar empleos formales y productivos que permitan a las familias incrementar sus ingresos por medio del trabajo.
República Dominicana ha avanzado considerablemente en estos ámbitos durante las últimas décadas. El PIB per cápita, medido en dólares corrientes, pasó de unos US$2,831 en 2000 a aproximadamente US$11,059 en 2025, según el Banco Mundial. Sin embargo, el aumento del ingreso promedio no significa que todos los hogares hayan participado en igual proporción de esa expansión. (DataBank)
Una economía que crece, pero con diferencias
A partir de finales de los años noventa y, especialmente, durante las dos primeras décadas del siglo XXI, la República Dominicana experimentó uno de los procesos de crecimiento económico más prolongados de América Latina y el Caribe. El turismo, las remesas, las zonas francas, la construcción, los servicios financieros, las telecomunicaciones y otros sectores contribuyeron a ampliar la actividad económica y el empleo.
Pero el crecimiento económico por sí solo no garantiza una distribución equitativa. El indicador más utilizado para medir la desigualdad es el coeficiente de Gini: cuanto más cercano a cero, mayor igualdad; cuanto más próximo a uno, mayor concentración del ingreso.
En República Dominicana, el coeficiente de Gini nacional pasó de 0.513 en 2000 a 0.386 en 2024, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística (ONE), utilizando información de las encuestas de fuerza de trabajo del Banco Central. Esto representa una reducción importante de la desigualdad en el largo plazo, aunque la tendencia no ha sido lineal. (One Dominicana)
Los datos del Banco Mundial muestran una trayectoria semejante: el Gini pasó de 51.5 puntos en 2000 a 39.0 en 2024. Las diferencias entre ambas cifras responden a fuentes, metodologías y actualizaciones estadísticas; por ello, para el análisis interno del país conviene privilegiar las estadísticas oficiales dominicanas y utilizar las del Banco Mundial para comparaciones internacionales. (DataBank)
La participación del 10% de mayores ingresos
Una manera más intuitiva de observar la concentración consiste en determinar qué proporción del ingreso nacional recibe el 10% de la población con mayores ingresos.
Los datos disponibles muestran una reducción importante de esa participación respecto a los primeros años de la década de 2000, aunque todavía existe una concentración significativa.
| Año | Participación aproximada del 10% de mayores ingresos |
| 2000 | 40.2% |
| 2005 | 39.0% |
| 2010 | 36.5% |
| 2015 | 34.9% |
| 2020 | 30.5% |
| 2022 | 28.3% |
| 2024 | 29.5% |
| 2025 | No disponible de forma comparable |
Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators/Poverty and Inequality Platform; para 2024, la serie internacional registra 29.5%. La ONE, con metodología oficial dominicana y datos de la ENCFT, registra 29.8% para el décimo decil en 2024. (IndexMundi)
La lectura de estos datos es importante. En el año 2000, el 10% superior concentraba aproximadamente cuatro de cada diez unidades del ingreso registrado por la encuesta. En 2024, esa proporción se había reducido a alrededor de tres de cada diez. No obstante, esto no significa que la desigualdad haya desaparecido ni que la distribución actual pueda considerarse plenamente satisfactoria.
En efecto, la ONE señala que en 2024 el 10% de mayores ingresos recibió 29.8% del ingreso familiar oficial, mientras el primer decil recibió apenas 2.5%. El segundo decil obtuvo 4.0% y el tercero 5.0%. (One Dominicana)
La diferencia continúa siendo considerable: el 10% superior recibió casi 12 veces la participación correspondiente al 10% inferior. Esta relación ayuda a comprender mejor la desigualdad que un promedio nacional del ingreso.
Una precisión histórica necesaria
Conviene corregir una afirmación frecuente sobre la distribución del ingreso dominicano en la década de 1970. No es metodológicamente correcto afirmar, sin una fuente específica y comparable, que en 1975 el 1% más rico de los hogares recibía 9% del ingreso nacional. Esa cifra no puede equipararse con las estadísticas actuales, porque las fuentes, unidades de observación y metodologías han cambiado considerablemente.
Existe, sin embargo, evidencia histórica de la elevada concentración del ingreso. Un documento de la CEPAL, basado en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de las Familias de 1976 realizada por el Banco Central, señala que el 10% de los hogares de menores ingresos recibía aproximadamente 1.3% del ingreso nacional, mientras el 10% superior absorbía 33.5%. (Repositorio CEPAL)
También existe información histórica del Banco Central para 1992, según la cual el décimo decil recibía 40.8% del ingreso total, mientras el primer decil recibía 1.7%. (Banco Central)
Por tanto, para mantener rigor estadístico, resulta preferible hablar de deciles de ingreso y no mezclar el 1% superior con el 10% superior. Son grupos diferentes y no deben utilizarse indistintamente.
El cambio registrado durante el siglo XXI
La trayectoria de la distribución del ingreso dominicano presenta tres grandes etapas. La primera corresponde a los años iniciales del siglo, cuando la crisis económica de 2003-2004 provocó un deterioro importante de los ingresos y un aumento de la pobreza. El Gini llegó a 0.508 en 2005 y 0.513 en 2006. (One Dominicana)
La segunda etapa corresponde al período de fuerte expansión económica posterior a 2005. El aumento del empleo, la reducción del desempleo, el crecimiento de los salarios reales y una mayor cobertura de los programas sociales contribuyeron a reducir gradualmente la desigualdad.
La tercera se observa durante los últimos años. El Gini descendió hasta 0.375 en 2022, pero posteriormente aumentó a 0.378 en 2023 y 0.386 en 2024. (One Dominicana)
Esta última evolución merece atención porque demuestra que la desigualdad no desaparece automáticamente cuando crece el PIB. Puede disminuir durante determinados períodos y volver a aumentar cuando cambian la inflación, los salarios, el empleo, la productividad o la composición sectorial del crecimiento.
Los datos preliminares de 2025 refuerzan esta advertencia. La ONE reportó un coeficiente de Gini de 0.389, superior al 0.386 registrado en 2024. En la zona rural pasó de 0.363 a 0.371, mientras en la zona urbana llegó a 0.389. (One Dominicana)
La inflación también puede aumentar la desigualdad
Uno de los aspectos menos visibles de la distribución del ingreso es el efecto de la inflación. Cuando los precios de los alimentos, transporte, vivienda, electricidad y otros bienes esenciales aumentan más rápidamente que los ingresos de los hogares, la pérdida de poder adquisitivo suele ser proporcionalmente mayor para las familias de menores recursos.
Un estudio del Banco Central sobre la economía dominicana concluye que, al deflactar los ingresos por quintiles, el Gini real se ha situado de manera consistente por encima del Gini nominal en los años recientes, lo que sugiere un impacto relativamente mayor de la inflación sobre los estratos de menores ingresos. (Banco Central)
La propia medición oficial de pobreza para 2025 muestra esa interacción. Durante el segundo trimestre, el incremento de los ingresos redujo la pobreza en 3.90 puntos porcentuales, mientras la inflación tuvo un efecto adverso de 1.42 puntos y el deterioro distributivo añadió 0.15 puntos. (One Dominicana)
Esto demuestra que no basta con aumentar el ingreso nominal de los hogares. Lo importante es cuánto pueden comprar con ese ingreso y cómo se distribuye el aumento de la producción entre los distintos grupos sociales.
Desigualdad territorial
La distribución del ingreso tampoco es uniforme territorialmente. La concentración de oportunidades económicas en Santo Domingo, Santiago y determinadas zonas turísticas y productivas genera diferencias importantes frente a provincias con menor actividad empresarial, menor infraestructura y mercados laborales más reducidos.
En 2024, la pobreza monetaria general alcanzó 22.7% en la región Ozama o Metropolitana, frente a 14.5% en el Norte o Cibao. En las regiones Sureste y Suroeste las tasas fueron 18.8% y 19.1%, respectivamente. (One Dominicana)
Esta realidad demuestra que la política económica no puede limitarse a incrementar el PIB nacional. Es necesario preguntarse dónde se produce el crecimiento, quién participa en él y qué proporción de sus beneficios llega a las comunidades donde existen mayores necesidades sociales.
Una política de desarrollo territorial debería estimular la inversión privada y pública fuera de los grandes centros urbanos, mejorar las carreteras y el transporte regional, ampliar la conectividad digital, fortalecer los servicios de salud y educación y crear condiciones para que las pequeñas y medianas empresas puedan desarrollarse en las provincias.
Las consecuencias sociales de una desigualdad elevada
Una desigualdad marcada puede acarrear costos socioeconómicos significativos tanto para los ciudadanos como para la sociedad.
El primer costo es la desigualdad de oportunidades. Dos niños con capacidades similares pueden enfrentar resultados completamente diferentes si uno nace en un hogar con acceso a educación de calidad, alimentación adecuada, servicios médicos, conectividad y vivienda digna, mientras el otro crece en condiciones de precariedad.
El segundo es la movilidad social. Cuando el origen familiar determina en exceso el nivel educativo, el empleo y el ingreso futuro, se debilita la percepción de que el esfuerzo y el mérito pueden mejorar sustancialmente las condiciones de vida.
El tercero es la calidad del capital humano. Una sociedad que no aprovecha plenamente las capacidades de sus jóvenes pierde productividad, innovación y competitividad. Por eso, la desigualdad no es solamente un problema social: también puede convertirse en un obstáculo para el crecimiento económico futuro.
El cuarto costo es institucional. Cuando una parte importante de la población percibe que el crecimiento económico beneficia principalmente a determinados grupos, puede aumentar la desconfianza en las instituciones, disminuir la cohesión social y crecer la demanda de soluciones políticas de corto plazo.
Crecer no es suficiente
La República Dominicana ha demostrado que puede crecer. El desafío de la próxima etapa consiste en demostrar que también puede crecer de manera más inclusiva.
Esto requiere una combinación de políticas. En primer lugar, elevar la calidad de la educación y vincularla con las necesidades del mercado laboral. En segundo término, mejorar la productividad y los salarios reales, particularmente de los trabajadores de menores ingresos. En tercer lugar, reducir la informalidad laboral y empresarial, porque la informalidad limita el acceso a seguridad social, crédito, capacitación y derechos laborales.
También resulta necesario fortalecer la progresividad del sistema tributario. Un sistema fiscal moderno debe procurar que quienes tienen mayor capacidad contributiva aporten proporcionalmente más, mientras se protege a los hogares de menores ingresos y se evita que los impuestos al consumo recaigan desproporcionadamente sobre ellos.
El gasto público, por su parte, debe evaluarse por sus resultados. No basta con gastar más en educación, salud o protección social; es indispensable comprobar que esos recursos se transformen en mejores servicios, mayor productividad y oportunidades efectivas para la población.
Una nueva agenda distributiva
La reducción de la pobreza que ha experimentado el país constituye un logro importante y debe reconocerse. Pero pobreza y desigualdad son fenómenos diferentes. Una persona puede salir de la pobreza y, al mismo tiempo, permanecer muy lejos del ingreso y de las oportunidades de los grupos superiores de la distribución.
Por eso, la próxima agenda económica dominicana debería incorporar como objetivos simultáneos crecimiento, productividad, empleo formal, reducción de la pobreza y mejor distribución del ingreso.
El país no debe conformarse con una economía en la que aumente el PIB mientras amplios sectores sienten que su participación en la prosperidad nacional permanece limitada. El verdadero desarrollo ocurre cuando el crecimiento económico se convierte en oportunidades concretas: mejor educación, salud accesible, vivienda digna, transporte eficiente, empleos productivos, pensiones adecuadas y capacidad de las familias para construir patrimonio.
La evidencia disponible permite afirmar que República Dominicana ha avanzado en materia distributiva desde el año 2000. El Gini se ha reducido sustancialmente y la participación del 10% superior también ha disminuido. Sin embargo, el ligero deterioro observado en 2023-2025 constituye una señal que no debe ignorarse. (One Dominicana)
La discusión, por tanto, no debería plantearse entre crecimiento o distribución. La verdadera cuestión es cómo conseguir más crecimiento con mayor productividad y una distribución más amplia de sus beneficios.
Una economía que crece, pero deja atrás a una parte importante de su población, termina generando tensiones sociales que posteriormente son más costosas de corregir. En cambio, una economía que combina crecimiento, inversión social, empleos de calidad y oportunidades puede transformar el aumento del PIB en bienestar colectivo.
La distribución del ingreso, en consecuencia, no debe ser considerada un asunto secundario de la política económica. Es uno de los indicadores fundamentales para determinar si el crecimiento se está convirtiendo realmente en desarrollo.
El autor es economista
Bibliografía
- Banco Central de la República Dominicana (BCRD). Serie de Estudios Económicos 2025. Santo Domingo, 2025. (Banco Central)
- Banco Central de la República Dominicana. Medición de la pobreza monetaria en la República Dominicana. Santo Domingo. (Banco Central)
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Estudios sobre distribución del ingreso y condiciones sociales de la República Dominicana. (Repositorio CEPAL)
- Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Manuel José Cabral, Inflación, distribución de ingreso y empleo: conceptos aplicados a la República Dominicana. Ciencia y Sociedad, vol. 1, núm. 1, 1975. (Revistas INTEC)
- Oficina Nacional de Estadística (ONE). Anuario de Estadísticas Sociodemográficas 2024. Santo Domingo, 2025. (One Dominicana)
- Oficina Nacional de Estadística (ONE). Boletín de Pobreza Monetaria 2025. Santo Domingo, 2026. (One Dominicana)
- Banco Mundial. World Development Indicators y Poverty and Inequality Platform, indicadores de República Dominicana. (data.worldbank.org)