Disparar sin preguntar
Resultan aterradores los frecuentes casos de personas que son tiroteadas por agentes de la Policía Nacional porque son confundidos con supuestos delincuentes o porque andaban en vehículos similares a los usados por personas perseguidas por la uniformada.
Estos casos son demostraciones de que esas patrullas salieron con la expresa disposición de matar y que los términos persecución y arresto no están en su sicología.
El evento más reciente fue en el que resultó herido un seguridad de la merenguera Miriam Cruz, en Barahona.
Una patrulla le disparó supuestamente porque el vehículo se parecía a uno en el que andarían presuntos delincuentes que ellos buscaban y, para colmo de males, la persona fue herida de dos disparos en la pierna después de detenerse.
En las páginas de EL DÍA hemos relatado varios casos, con testigos, de ejecuciones cometidas por agentes policiales.
La Jefatura de la Policía Nacional reacciona en algunos casos y después que salen a relucir públicamente, pero son incontables los casos en que el ciudadano resulta muerto heredando el mote de reconocido delincuente.
En los barrios hay un verdadero estado de terror provocado por los abusos policiales y su impunidad.
Nada justifica esa actitud de un cuerpo llamado a proteger la vida del ciudadano y preservar el orden público. Los agentes que actúan así, han cruzado la línea que los convierte a ellos también en delincuentes, con el agravante de que sobre sus hombros se ha impuesto la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir las leyes.
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