Disminución judicial
Todo tiene medición. Vivimos en un siglo donde hasta el ritmo de la respiración, de ciertos pacientes, se mide; y tiene una utilidad en medicina.
También ocurre lo mismo en otras áreas del conocimiento y el comportamiento humano.
La medición de la eficacia de la Justicia entra dentro de este esquema. En varios países de Latinoamérica se mide, cada cierto tiempo, cómo anda el comportamiento de su aparato judicial.
En aquellos países donde la Justicia no anda bien hay un alto grado de corrupción. La República Dominicana, precisamente, no se caracteriza por tener un buen sistema de Justicia, y por esa razón, anda muy mal en los índice de medición en materia de combate de la corrupción.
Nueva Zelanda y Dinamarca son dos países que poseen un aparato judicial con una relativa efectividad; y por eso, de acuerdo a los informes, son naciones con menos corruptos.
Y de República Dominicana, ¿qué dicen los informes? Hay una vieja máxima en el refranero dominicano que reza: por sus hechos los conoceréis.
La Justicia dominicana se conoce tanto por lo que hace como por lo que deja de hacer; y muchas veces lo que deja de hacer es mayor, y por eso incide de manera dramática en el crecimiento del índice de la delincuencia y la corrupción.
Esta realidad, ¿podrá revertirse algún día? Eso lo podremos esperar, con toda seguridad, cuando en el país funcione una Justicia de calidad, donde impere la aplicación de las leyes.
