Lunes, 14 de octubre, 2019 | 7:10 am

Discursiva violenta que espanta



Los dominicanos asistimos a una intensa lucha por el poder político con una gran diversidad de actores.
Vemos agrias disputas de peledeístas contra peledeístas, peledeístas contra perremeístas, perremeístas contra perremeístas, reformistas contra reformistas, reformistas contra peledeístas, perredeístas contra perredeístas, los verdes contra los morados, los verdes contra los de ‘cuello blanco’, pequeños contra pequeños, pequeños contra grandes y así por el estilo.

Como hemos dicho en otra oportunidad, exhibimos una discursiva social muy violenta.
Tan violenta es que empieza a hacer daño material.

La economía dominicana está resentida.
El prestigio internacional del país está lastimado. El turismo lo está sintiendo.

Las expresiones destempladas de reconocidas figuras públicas no ayudan a mitigar el ambiente de conflictividad que empieza a apoderarse del país.

Los niveles de agresividad discursiva que estamos viviendo pueden ser comparables a los que precedieron a grandes conflictos sociales de la historia reciente del país. Los que vivieron esas épocas pueden dar testimonio de lo que aquí afirmamos.

Al ambiente político ha llegado la hora del diálogo con la sociedad, de las actuaciones de cara al sol, del respeto a las reglas del juego en democracia, a luchar por objetivos políticos dejando de lado las malas artes.
El pueblo dominicano no merece ni puede permitir que se rompan las barajas.

Vamos a jugar respetando todas las reglas.

Hay amistades perdidas que difícilmente puedan restablecerse, pero que al menos se propongan convivir.
Esta lucha por el poder ha carecido de jueces que no solo tomen decisiones justas, sino que persuadan a las partes de que sus decisiones son justas.

Las partes más pugnaces no confían la una en la otra. Los tradicionales mediadores sociales hace mucho que se hicieron a un lado.

El liderazgo empresarial o religioso se ha visto opacado por estas luchas políticas.

En las actuales circunstancias solo queda llamar a la reflexión a los actores políticos predominantes, para que diriman sus diferencias y libren sus batallas políticas en el campo del honor, de la honestidad, la justicia, la legalidad y las buenas artes.

Monegro-José Patricio-

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