Dios te da una nueva oportunidad, ¡aprovéchala!

126
Senabri Silvestre

Ahora que se está reabriendo una parte de la economía para que podamos mantener este país operando, debemos tratar de ver este momento no sólo como una nueva oportunidad para buscar el peso, sino también para hacer la voluntad de Dios.

El momento es preciso para pensar qué pudo haber pasado en nuestras vidas si permanecíamos mas tiempo en ese encierro, sin la oportunidad de generar ingresos ni de ir a establecimientos que estamos acostumbrados a visitar.

Es preciso analizarlo, sobre todo porque podemos regresar al mismo estado y de una peor manera; por lo tanto, lo mejor es que seamos precavidos y cautelosos para no enfermarnos ni llevar enfermedad a nuestras familias.

Pero esto no es lo único: recuerda las promesas que le hiciste a Dios, el deseo de orar, de buscar más de él y, sobre todo, de predicar su evangelio. Esta es la mejor oportunidad para conocer a Dios y agradecerle por permitirte llevar sustento a tu familia, porque te permite visitar lugares a los que posiblemente deseabas o tenías que ir, y lo más importante: te permite seguir viviendo.

Recuerda que aún no tenemos la respuesta de cuándo esto termina ni de cómo esto va a pasar, por eso te recuerdo lo compartido en mi columna, titulada ¿Cuándo Dios nos librarás de esta pandemia?, “no os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”, dijo Jesús, según cuenta Lucas en el versículo siete del capítulo uno del libro de Hechos, a una pregunta que hicieron los discípulos y que bien se podría aplicar a lo que estamos viviendo en este tiempo.

Lejos de ponerle una fecha, Jesús les aconsejó enfocarse en el propósito divino.

En prepararse para recibir el Espíritu Santo, a fin de que pudieran obtener el poder o la valentía que necesitaban para salir a predicar el evangelio que él le había inculcado.

Persistir en preguntar hasta cuándo terminará la crisis actual nos hace necios y no sabios, ya que, como bien explica el Salmo 94:1-11, Jehová oye, ve, conoce y sabe lo que está pasando. Pero recuerda que Dios también castiga a las naciones como un padre corrige a sus hijos, porque sabe que los pensamientos del hombre son vanidad (Verso 12).

Así que nuestra preocupación ahora no solo debe ser buscar el peso, sino también cumplir la voluntad de Dios, acercándonos a él, predicando el evangelio y haciendo discípulos.

-- publicidad --