Altagracia Suriel
Altagracia Suriel

A propósito del Día de los Padres, es importante meditar sobre el modelo de padre por excelencia que los seres humanos tenemos en Dios nuestro hacedor y creador. En las Sagradas Escrituras encontramos los valores que caracterizan el modelo de padre de nuestro Señor. La paternidad divina es creadora, familiar, amorosa y misericordiosa.

Un padre que crea:
Como padre, Dios deja sus huellas en el mundo a través de su creación expresada en la naturaleza y en su obra máxima que es el hombre y la mujer. La creación tiene las huellas de Dios. Los seres humanos somos hechura suya y llevamos su esencia como lo dice el Génesis. Somos imagen y semejanza de Dios, por eso nos inclinamos hacia él desde la espiritualidad y la trascendencia como nos lo recuerda San Agustín en Las confesiones: “Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

Un padre que es familia:
Tanto en el mundo espiritual como en la encarnación terrena, Dios es familia que se expresa en unidad, vínculo y dones. La Trinidad es Padre, Hijo y Espíritu Santo y el Dios encarnado se hace vida en la Sagrada Familia de Jesús, María y José, modelo por excelencia de toda familia humana que encuentra en María la madre incondicional, en José al padre responsable y solidario y en Jesús el camino al Padre de todos los padres.

Un padre que es amor:
La paternidad divina se manifiesta en el amor que Dios tiene por sus criaturas que llegó hasta entregarnos como ejemplo de amor extremo a su propio hijo, como nos lo recuerda 1 Juan 4:10: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y amó a nosotros y envió a su hijo como propiciación por nuestros pecados”.

Un padre misericordioso:
La misericordia de Dios es expresión de su paternidad. Para un padre, un hijo siempre será su hijo. Para Dios no hay pecado, fragilidad o debilidad humana que anule su misericordia. La parábola del hijo pródigo nos recuerda que Dios siempre nos espera con los brazos abiertos sin importar el camino recorrido o el fango en que hayamos caído. Su misericordia es infinita y eterna. Una paternidad como la de Dios es la que acoge su llamado en Lucas 6:36: “Sean misericordiosos, así como su Padre es misericordioso”.

Sobre el autor

Altagracia Suriel

Columnista de El Día